Siete razones para seguir cargando a tu bebé grande

Existen muchos datos sobre los enormes beneficios de cargar a los bebés por períodos prolongados contra el cuerpo, y específicamente durante los primeros 9 meses: como una herramienta en la lactancia, como una forma de facilitar la vinculación con los padres y familia extendidaTan es del dominio público esta información, que es muy común que la mayoría de las personas ya reconozcan los beneficios del porteo y aprueben enérgicamente a las mamás que usan rebozo con sus pequeños.

Sin embargo, al igual que con la lactancia prolongada, a veces percibo una cierta perplejidad cuando te ven cargando en portabebés a un bebé mayor, digamos, de un año. La inevitable pregunta es: ¿No camina ya ese niño? ¿Por qué aún sigues con tu rebozo?

Con San que ahora tiene dos años cuatro meses, escucho mucho esta pregunta y yo siempre contesto que me parece lo más práctico, para nosotros es lo más conveniente y a los dos nos gusta. Normalmente no ahondo en el hecho que no tengo idea de lo que haría sin mis cargadores, especialmente el fular, y a veces creo que me son más útiles ahora que ya camina, que cuando era más pequeño y completamente portátil. Es más, la pregunta me desconcierta a mí, porque en realidad me pregunto, ¿cómo me las arreglaría yo *sin* cargarlo?

Investigué un poco sobre esta faceta del porteo y son menos los datos científicos, pero existen muchos vivenciales que yo experimento también día con día. Algunas de las razones para cargar cambian, pero otras sólo evolucionan: el transporte, la vinculación y la contención. Aquí algunas de ellas:

Visibilidad/Aprendizaje
Llevar a un niño de dos años contra el torso, a tu misma altura de adulto, coloca sus ojos curiosos en una posición singular y privilegiada, de la que no disfruta normalmente desde su breve estatura.  En un mundo diseñado para adultos y lleno de ellos, un bebé que apenas comienza a caminar contempla un desfile interminable de pantorrillas y traseros, barandales altísimos y patas de las mesas. Al elevarlos a la altura de nuestros ojos, él ve lo que nosotros vemos y le permitirá interesarse en procesos cotidianos, como una transacción en la tienda, donde observa el intercambio de objetos o dinero, o la cartera y la tarjeta), poner  crédito a la tarjeta del metrobús, sacar dinero del cajero (supongo que no deseamos que aprendan esto, mmm), hacer un sandwich en casa, acomodar la compra o preparar la ensalada.

Al igual que con un bebé menor, la idea es pasar tiempo de calidad con el niño mientras lo incorporamos a nuestras actividades cuando estamos en tránsito (por la calle) o bien cuando necesitan brazos en casa y tenemos otras cosas que hacer; como pasajero, el momito puede aprender de su entorno desde el contexto que le proporciona el contacto directo con nosotros, mirando desde nuestra misma perspectiva.
 
Vinculación y afecto

Es cierto que muchos bebés muestran menos interés porque los carguen cuando comienzan a gatear o a caminar con eficiencia, pero esto puede ser una etapa pasajera o incluso sólo una faceta. El desarrollo de un niño no es lineal; muchos demuestran etapas de independencia fiera y obstinada, alternándola con la necesidad de tiempo de afecto y cercanía física con los padres.  Durante estos abrazos, recarga su batería de seguridad para lanzarse a la aventura nuevamente. No todos los niños se sienten seguros en el piso todo el tiempo; calles abarrotadas, reuniones en lugares desconocidos, e incluso el simple cansancio diario, harán que pida volver a un lugar de seguridad con frecuencia.

Con el paso del tiempo y en el remolino de las actividades cotidianas, los momentos y espacios para la cercanía física van disminuyendo cada vez, por lo que el porteo (con el portabebé que sea) continúa siendo una herramienta valiosa para proporcionarnos este espacio cuando y donde lo necesitemos. Desde servir como apoyo en el consultorio del pediatra para aplicar una vacuna, hasta procurar un entorno discreto para amamantar en la calle a un  bebé ya mayor, o permitirle a un niño de año y medio dormir su siesta en el horario normal, pero a lomos porque estamos en junta.

Conveniencia

El bebé ya camina, sí, pero esto no significa que tendrá interés alguno por trasladarse de un  punto “A” a un punto “B”. En un principio, cuando apenas comienza a caminar, ni siquiera es lo suficientemente estable para caminar sin ayuda, y hasta que afirma el paso, uno pasa semanas de rompedero de cadera a pasitos detrás del nene para que no se rompa la nariz o se baje a tumbos de la banqueta. Cuando afirma el paso la cosa cambia, y ahora es donde entra mi experiencia con el portabebé como herramienta de disciplina afectiva. 

Contención, berrinches

Los niñitos pequeños pueden desenvolverse físicamente (caminan, suben, bajan)… pero su desarrollo emocional e intelectual va algo rezagado en este aspecto. Las pasiones de los dos años no tienen nada que envidiarle a las de la adolescencia. Un niño pequeño tal vez no comprenda por qué no podemos jugar a La Rueda de San Miguel en pleno andén del metro, o por qué no es buena idea beber tragos de la fuente, o por qué no podemos correr dentro del banco. En un esfuerzo por validar todos los sentimientos del niño en lo que intento cumplir con las obligaciones de nuestra ajetreada vida, mi solución han sido los portabebés… Por un lado, la contención y seguridad que proporciona la misma cercanía física, el podernos hablar a la cara, proporcionarle a él un espacio seguro y cómodo donde puede relajarse, ver los alrededores, y tal vez tomar un jugo, dormir, o entretenerse con un juguete, todo esto ha sido nuestra salvación para interrumpir mil dramas potenciales y detener algunos ya encarrilados. En efecto, las pocas veces que Santiago ha comenzado a hacer pataleta en la calle, el fular lo ha calmado de inmediato.

Seguridad

Vivo en el DF. Es una ciudad hermosa y la amo, pero es una pesadilla urbanística. Especialmente en la zona donde vivimos, donde levantan vallas para construir edificios, demuelen casas para poner departamentos, quitan patios para poner anexos, clausuran un restaurante y remodelan otro al lado, terminan una banqueta y levantan el pavimento, instalan un semáforo y demuelen la esquina, en fin, no hay día que uno pueda hacer un recorrido sin tener que caminar un tramo a media calle porque entre obras, áreas cercadas, autos estacionados defensa con defensa, sillas de bolero, puestos y hordas de peatones, uno termina temiendo por la integridad física.

Caminar con un niño pequeño en estas condiciones se convierte en un ejercicio de ansiedad, por lo menos para mí. De fijo entre estarme fijando en el tráfico, ver si podemos pasar, que no haya alcantarilla abierta y no atravesarnos demasiado a  los demás, además de intentar sujetar la manita de un niño que pugna por escapar a la libertad (me costó mucho trabajo enseñarle a ir de la mano en paz, porque es de espíritu libre y audaz), me entra un estrés que me estruja el estómago.

De nuevo en estas circunstancias el portabebé ha sido una salvación, pues ya es demasiado grande para llevarlo mucho tiempo en brazos, además que sigo disfrutando de tener libres ambas manos para cualquier maniobra o tacleo que se ofrezca. Cuando viajamos en transporte público, aunque él ya se puede sostener bien y sabe cómo sujetarse del tubo en el Metrobús, casi siempre es más práctico cargarlo a la cadera con un rebozo o fular, por la cantidad de gente, además que nos evitamos los tirones para subir y bajar o mover al pequeño, como lo advierte de pasada este artículo con recomendaciones del IMSS que habla sobre daños que pueden ocurrir por causa de jalones apresurados.


Dormir, transición

Muchos bebés tienen sueño irregular entre los 12 y 24 meses. Algunos que ya dormían toda la noche vuelven a despertar varias veces, y algunos que ya se dormían rápidamente por la noche, ahora tardan horas en conciliar el sueño. La transición al sueño es un proceso que se aprende y un bebé mayorcito ya no cae rendido de puro cansancio; debe hallar un estado de paz y relajación que le permita caer redondito en los brazos del sueño. Al igual que en los primeros meses, el portabebé puede ser una herramienta dentro de una rutina para dormir que ayude al pequeño a disminuir las revoluciones después del ajetreo del día.

Enfermedad

También como una prolongación de una ventaja durante los primeros meses, el uso del portabebé puede contribuir en el cuidado de un niño mayor enfermo. Esto no es de sorprenderse, porque creo que todos disfrutamos el apapacho cuando tenemos algún malestar. El porteo permite al niño tener la cercanía que necesita con nosotras, y tal vez conciliar el buen sueño reparador que necesita, mientras nosotras podemos continuar en cierta medida con actividades cotidianas como preparar alimentos (¡sin fuego!), practicar el danzón, etc…

¿A ti cómo te ha servido tu portabebé con tu hijo que ya camina? ¿Te han hecho comentarios?
Como apreciarán, este post necesita más imágenes, se aceptan contribuciones!

La posición de ranita o en "M"

Para lograr un amarre cómodo y seguro con cualquiera de los portabebés naturales, siempre es necesario que el bebé vaya transportado en la posición sentada, como si fuera en una silla o hamaca. Con cualquier cargador, lo que intentamos es que el bebé quede sentado cómodamente y cubierto de rodilla a rodilla, recargado en una o más capas de tela.

Con ocasión de la excelente ilustración publicada esta semana por el Instituto Internacional de la Displasia de Cadera, comparando visualmente una cangurera tradicional al estilo del portabebé Bjorn (imagen de la izquierda), con la posición final en un portabebés natural de tela como el fular, mei tai o mochila ergonómica, pensé que podríamos hablar un poco sobre la famosa posición en ‘M’ o de ‘ranita’ sobre la que insistimos tanto.

La posición M o de ranita se considera la posición ideal para las piernas, ya que centra la cabeza del fémur dentro de la cavidad de la cadera o acetábulo. Esta M es visible cuando las rodillas del bebé están más altas que su trasero, separando las piernas en un ángulo de 90° (en los círculos médicos, esta posición se describe como 100° de flexión en las piernas, abducción de 30 a 45°).

 Todos los bebés adoptan esta posición automáticamente al sentirse levantados, ya que es la posición óptima para cargarlos contra la cadera de la madre. Asimismo, se coloca en esta posición a los bebés diagnosticados con con displasia o luxación de la cadera con un ayuda de un dispositivo llamado arnés Pavlik.

Ejemplo arnés Pavlik

Un bebé transportado en la posición M conserva la espalda redondada (kyphosis), ya que la inclinación de la pelvis ocasiona que se curve la columna vertebral en una C. Esto es importante porque la espalda de los bebés menores de un año no forma una curva en forma de S como la de un adulto, y por tanto requiere consideraciones especiales de las que hablaré en otro post.

Por último, más allá de las consideraciones de anatomía, dos aspectos importantes son la comodidad y la seguridad. La posición M asegura que el peso viaja sobre las pompas del bebé, por lo que va sentado y por lo tanto mucho más cómodo que con las piernitas colgando. Asimismo, el peso descansando hacia atrás hace más seguro el amarre porque el bebé no puede juntar las piernas y escurrirse por abajo.

Una forma sencilla de mejorar la posición en M dentro del cargador es oprimir suavemente las plantas de los pies del bebé hacia arriba cuando ya has terminado de amarrarlo, para hacer que el momito suba las piernas y flexionar más profundamente la cadera.

empuja suavemente los piecitos hacia arriba para que suban más las rodillas

Siete cosas que no puedes hacer con una carreola

–Insertarte dentro de un metrobús, metro, o autobús que va medio lleno.

–Zambullirte grácilmente entre dos automóviles estacionados defensa contra defensa para alcanzar a la banqueta.

–Recorrer un museo cómodamente con tu bebé dormido, ya que la mayoría de ellos no admiten carreolas en el interior.

–Subir a un taxi sobre avenida Cuauhtémoc sin paralizar por completo el tráfico de las ocho de la mañana.

–Bailar con tu bebé y tu marido en una boda.

–Subir a la Pirámide del Sol en Teotihuacán.

–Pasear a tu perro sin la ayuda de otra persona.

¿Qué más se les ocurre?

Siete verdades tras mitos del babywearing

1. “No cargues tanto al bebé porque le da mamitis y luego ya no se desprende de tus faldas.”

Al contrario de lo que sostiene la creencia popular de que un niño en brazos ‘se consiente’, muchos estudios han demostrado que los bebés que reciben más contacto y estímulo sensorial piel con piel durante sus primeros meses y años crecen para ser niños más independientes y seguros. Satisfecha su enorme necesidad de contacto, el bebé aprende, observa, y absorbe todo a su alrededor desde la seguridad que recibe del contacto directo con su portador, lo cual fomenta su autonomía y le ayuda incluso a separarse más pronto de su madre por períodos más prolongados, ya que el niño está seguro del lazo con sus padres.

Además, un niño portado con frecuencia tiene mejores oportunidades para socializar, por la simple razón de encontrarse al mismo nivel de los adultos. El bebé puede ver claramente la cara de mamá, de papá, de las personas a su alrededor; escucha las conversaciones, observa los gestos, en fin, observa los rudimentos de toda interacción social desde una posición neutral y segura. Cuando salgo a la calle con San todos le hablan en forma natural y él desde muy pequeño responde mirando a los ojos, evaluando, con frecuencia regalando una sonrisa. En general, al crecer estos bebés portados tienen más experiencia en una situación en sociedad y por tanto, se sienten más confiados para abandonar las faldas de mamá.

2. “Puedes llevarlo en brazos de recién nacido, pero después de unos meses ya te va a pesar demasiado.”

Es cierto que en un principio es casi demasiado sencillo cargar a un recién nacido, ya sea en brazos o con un rebozo o cualquier cargador simple de tela, hasta una bufanda en un apuro. El material, la longitud y la forma de amarrarlo son secundarios pues el bebé pesa muy poco y cuesta poco llevarlo. Conforme crece, sin embargo, es necesario prestar mayor atención a la técnica y la forma de llevarlo (sobre un hombro o los dos, pegado a la parte alta o baja de la espalda). Para esto, cargadores con cierta estructura como el mei tai o una mochila ergonómica que distribuya el peso entre hombros y cadera ayudan a aliviar el peso del bebé; de igual forma, al hacer del babywearing una costumbre, vas desarrollando la musculatura necesaria para llevar la creciente carga con gracia.

Con la combinación correcta de técnica y el portabebé adecuado, se puede portar a un niño desde el nacimiento hasta los dos o tres años, para cuando será el mismo chamaco el que ya no se dejará envolver. En conclusión, tú puedes llevar a tu momito todo el tiempo que quieras mientras tengas la intención y los medios adecuados.

3. “No lo dejes que duerma en brazos porque después ya no se acostumbra a la cuna.”

Un bebé recién nacido siente una enorme necesidad del contacto y cariños de sus padres, así como de las sensaciones de cercanía con su madre como su aroma, su voz, sus movimientos, etc. Todo esto le calma y le permite relajarse y dormir por largos períodos. El descanso o siestas adecuadas durante el día no hacen más que promover un sano sueño prolongado por la noche, ya que se ha observado que los bebés estresados y cansados en exceso tienden a despertarse con mayor frecuencia. En consecuencia, cabe deducir que un bebé que ha estado relajado en el fular durante el día tiene buenas probabilidades de dormir bien por la noche.

Por supuesto, todos los bebés son diferentes y sus necesidades distintas; algunos se dan la vuelta y se duermen en su cuna sin necesitar más cuando es hora (cual es el caso de mi San), en tanto que otros necesitarán más danza y en ocasiones rebozo.

4. “Esos cargadores les estropean las piernas/las caderas/la espalda.”

En realidad, un portabebés de tela tradicional (rebozo, fular, mei tai, etc) bien colocado proporciona el soporte adecuado a la pelvis, columna vertebral y cuello del bebé, amoldándose a la curvatura natural del cuerpo de los bebitos, especialmente los recién nacidos. En contraste, en una cuna o una carreola el niño queda apoyado sobre una superficie recta, por lo cual el tiempo excesivo sobre este tipo de superficies puede ocasionar problemas (como la plagiocefalia posicional). Asimismo, la posición en M de las piernas del momito cuando queda sentado en el cargador es óptima para el desarrollo de la articulación de la cadera; es una posición ergonómica que naturalmente adoptan todos los bebitos cuando los cargan.

5. “Los niños van incomodísimos en esos cargadores, todos apretados.”

De nuevo, los recién nacidos rara vez extienden los miembros o permanecen en esta posición; después de tanto tiempo dentro del vientre, su cuerpo ha tomado la curvatura en forma de C de la posición fetal y no se extienden hasta pasados unos meses. De igual forma, después del entorno confinado del vientre, a los pequeños les tranquiliza y reconforta sentirse contenidos, ya sea en brazos o en el abrazo de un rebozo o un fular. De ahí los famosos ‘rebozos mágicos’ para dormir a los niños, que apapachados y apretaditos contra un pecho o una espalda cálida, pueden dormir por horas. Por tanto, el bebé no va incómodo en el cargador (aunque tal vez un bebé emprendedor sí se muestre molesto porque no alcanza desde su posición en el fular las Paletas Payaso en la fila del super).

6. “Te vas a amolar la espalda cargando al niño tanto tiempo.”

Sin importar si planeamos portear al bebé con rebozo, fular, mei tai, o que prefiramos usar la carreola, un hecho incontestable es que pasamos muchísimo tiempo con el bebé en brazos.

En lo personal, creo que independientemente del modo en que optemos por llevar a nuestros bebés, resulta valioso aprender una técnica y un modo correcto para portar al bebé cuando es necesario. Al llevarlo simplemente en brazos todo el peso del momito cae sobre los brazos y hombros, lo cual a la larga resulta muy cansado y perjudica la espalda; en cambio, con un simple rebozo el peso se distribuye en hombro y espalda y sólo con eso cargarlo se vuelve mucho más cómodo; además disminuye el riesgo de lesiones o dolores localizados en brazos, hombros o espalda porque distribuimos la carga entre una mayor cantidad de músculos.

Por último, también creo que es importante en primer lugar, aprender a manejar al bebé a modo de no lastimarnos, es decir: levantarlo y bajarlo doblando las rodillas y acuclillándonos en vez de doblarnos por la cintura, cargar al bebé pegado al torso, alternar el brazo y la cadera sobre la que normalmente lo llevamos para no sobrecargar los músculos de un solo lado, así como hacer algunos ejercicios sencillos para el fortalecimiento del abdomen y la espalda baja, especialmente después del parto ya que esta área del cuerpo sale muy castigada.

Es muy posible cargar un bebé sin lastimarnos, pero como siempre la práctica y la técnica correcta son de gran importancia. Los portabebés de tela ayudan a distribuir el peso en una mayor parte del cuerpo y por tanto son indispensables si deseamos cargar al bebé por ratos largos. Sin embargo lo utilicemos o no es necesario desarrollar una conciencia corporal a fin de entrenar el cuerpo para cargar el nuevo (y creciente) peso sin sufrir lesiones.

7. “Ese niño no se sienta/gatea/se para porque siempre lo traes pegado.”

En realidad, el porteo ayuda al bebé a desarrollar su musculatura más rápidamente. Un bebé en fular debe realizar pequeños movimientos compensatorios para conservar su posición cuando su madre camina, se sienta, se inclina o se vuelve; esto le proporciona mayor estímulo para desarrollar la musculatura para controlar el peso de su cabeza en comparación con un bebito que pasa períodos de tiempo prolongados en el asiento del auto o en la carreola, que aunque conservan una posición correcta lo mantienen inmóvil. Asimismo, el vaivén del caminar y otros movimientos de mamá contribuyen al desarrollo del sistema vestibular, el cual se ocupa de la coordinación en general y el equilibrio.

En resumen, aunque todos los niños se desarrollan a su propio ritmo y alcanzan metas como sentarse, gatear o caminar antes o después que otros, los niños que son portados con frecuencia reciben muchos estímulos que les ayudan a desarrollar las habilidades necesarias para alcanzar estas metas, es decir, el control muscular y el desarrollo del sentido del equilibrio y el movimiento.

Siete ventajas de portar a mi bebé en un lugar como la Ciudad de México

— En vez de tener que planear dónde bajo la carreola de la banqueta, dónde la subo, ahí hay una rampa pero cómo llego con todos esos coches estacionados, simplemente me lanzo a cruzar la calle como el rayo cuando se pone el alto.

— Me subo directamente al taxi en vez de detener todo el tráfico sobre Cuauhtémoc en lo que extraigo a San de la carreola y la doblo como puedo bajo el aluvión de claxons.

— En los edificios, no necesito esperar ocho vueltas a que se desocupe medio elevador para poder hacerle sitio a un carruaje, ya que el pasajero y yo ocupamos el espacio de una persona. Por la misma razón, ya no es impensable utilizar el metro o el autobús en vez de tomar el auto; es poco el espacio adicional que necesito (y no hay necesidad de trotar escaleras arriba y abajo con el bebé dentro de la carreola).

–En vez de hallarme atrapada detrás de un grupo de ocho señoras que acaban de salir muy lentamente del Sanborns, puedo rebasarlas a medio galope y dejarlas a todas atrás.

–Cuando llueve no necesito refugiarme bajo el toldo más cercano o buscar metros de plástico para cubrirme yo y la carreola, ¡simplemente abro mi paraguas y me apresuro!

–En mercados, tienditas apretadas y oxxos pequeñitos, paso por todos lados en vez de tener que dejar afuera la carreola o darle a todo el mundo en las espinillas mientras trato de maniobrar de reversa. Tampoco tengo que sentar a San en uno de esos horribles asientos de los carritos del Chedraui.

–Podemos llevarlo a desfiles, fiestas, ferias, etcétera donde hay mucha gente sin que se estrese ni yo tener que preocuparme porque lo besen, toquen, muerdan o me le echen ojo en su carreola.

¿Por qué cargARTE?

Querido Bebé San:

Yo elegí cargarte porque desde el principio a mí me pareció lo más natural. Eres mi bebé, me necesitas para todo, no sólo para comer sino para darte calor, para lavarte o moverte cuando estás incómodo, para ver, oír, sentir lo que pasa a tu alrededor. Por supuesto que tengo que llevarte conmigo tanto tiempo como pueda, si no ¿cómo ha de ser? Mi rudimentario instinto de madre no me permite otra cosa.

Claro que es muy útil tener una sillita donde dejarte por corto rato, un tapetito de juegos para que te estires y te retuerzas, un columpio que te recite poesía; pero desde que estaba embarazada ya me parecía que con todo y estas ayudas iba a pasar mucho tiempo contigo en brazos. Que tenía que diseñar un modo para que pudiera siempre llevarte conmigo, cargarte, sin que ninguno de los dos se lastime ni se canse, y descubrí que existe un mundo enorme, una inmensa tradición, toda una cultura ancestral de mujeres que han debido ingeniar algún sistema para llevar a su cariñito con ellas en sus actividades diarias.

En nuestra cultura las mujeres usan rebozo, pero en todos los países, culturas, y lugares del mundo, las madres desarrollaron algo parecido. Un simple trozo de tela que se utiliza en distintas formas para envolver al niño y cargarlo en la espalda, en la cadera, o al frente. Con el tiempo han evolucionado y han adoptado diversas formas, pero ésta es la esencia; el uso de un método sencillo para resolver una necesidad perentoria y universal.

Conforme más he aprendido de esta tradición, más me convenzo de que es todo un arte; es un concepto sencillo pero se ha diversificado en un millar de matices y detalles, distintos tejidos, métodos, usanzas y costumbres. Aprenderlo es apasionante, pero lo más maravilloso ha sido disfrutar sus beneficios, puesto que ha hecho que cargarte día ha día para mí sea natural, como lo es darte mi leche, arrullarte por la noche, o sonreír cuando tú me sonríes.

Cargarte es hermoso porque compartimos tanto. Cubrimos kilómetros juntos, te muestro los pájaros, llevamos sombrero y luego paraguas, por ratos miras por encima de mi hombro y con frecuencia duermes, juegas con mi cadena o coqueteas con la chica a mi lado en el metro. Te puedo llevar contra mi pecho y jugar al mismo tiempo contigo mientras esperamos en la fila del banco. A veces me siento como un fenómeno de dos cabezas que ronda la Ciudad de México, y me imagino que veo el mundo por tus ojos. A veces no es tan difícil cuando veo casi todas tus reacciones, porque te tengo a la distancia de un beso.

He empezado este blog porque me gustaría compartir lo que he aprendido contigo. Creo que esta ciudad adora a sus bebés y le encanta cargarlos pero tal vez hemos olvidado un poco sobre este antiguo arte del rebozo, quizás por considerarlo anticuado, pero hoy en día existen muchas opciones aparte del típico y podemos aprender juntos. Las recompensas sin infinitas.

Por todo esto quiero cargarte, y todos los días te doy las gracias por ir conmigo. Te amo, pequeño.

Tu mamá Gaby, Gaviota, Gavilán, Gaba, Gabichi, Momichi.

Si llegaste a mi blog por interés en el tema, por recomendación, o sólo por casualidad, gracias por leer y ¡bienvenidos! En este espacio pienso incluir descripciones básicas de cargadores y posiciones, videos, artículos, y otros materiales y jolgorio mental que me lleguen durante mi aprendizaje. Por favor dejen sus comentarios, preguntas, sugerencias o quejas, ¡se vale!