No lo hagas: ¿Bebés viendo al frente?

Otro punto controversial en el uso moderno de portabebés viene de las opiniones encontradas acerca de cargar a los bebés viendo hacia el frente. Cuando los bebitos alcanzan cierta edad y tamaño, alrededor de los tres o cuatro meses (incluso antes), muchos comienzan a demostrar una activa curiosidad y en vez de dormitar angélicos en el fular como lo hacían a las pocas semanas, ahora empujan contra nuestro pecho con impaciencia, gruñen, y estrenan músculos cervicales para volver sus grandes cráneos y ver con quién estás hablando. Muchos papás cargan en brazos habitualmente a sus cachorros encarando hacia afuera, para satisfacer a estas personitas curiosas; en consecuencia, al combinar con el portabebé, viene la pregunta: ¿Cómo lo coloco para que quede viendo hacia afuera? ¡A mi niño le encanta ver hacia afuera!
Como la del bebé en bicicleta, ésta es una de esas ideas que surge automática, pero que cuando lo pensamos un poco más, nos percatamos que no es muy recomendable. Cuando analizamos con cuidado lo que ocurre cuando cargamos a nuestros bebés en esta posición, encontraremos que hay muchas razones ‘de peso’ que contravienen algunos de los principios básicos del porteo o babywearing; entre ellos, que tanto el bebé como quien lo carga deben ir cómodos y seguros, y en una posición que no les perjudique a largo plazo. Por eso, la mayoría de los grupos, líderes, y porteadoras con experiencia preferimos recomendar que intentes una posición a la cadera o en la espalda, si tu bebé es curioso y protesta cuando lo llevas encarando hacia ti. Así, el nene queda orientado hacia tu cuerpo, con su peso bien pegado al tuyo, al tiempo que puede disfrutar del escenario a su alrededor sin perderte nunca de vista. 
A continuación, siete razones por las que no se recomienda encarar a los bebés hacia adelante:
1.      Peso sobre los genitales
      Con un portabebé natural y ergonómico como el rebozo o el fular de anillos, buscamos que el bebé siempre quede sentado con las rodillas elevadas y soportadas por un amplio asiento de tela, adoptando la posición en M o de ranita (posición de sentadilla); sin embargo, es imposible lograr esta posición cuando encaramos el bebé hacia el frente. En anuncios y publicidad errónea, es común ver fotos de niños suspendidos por las ingles sobre la cruz del fular, con las piernas colgando rectas hacia abajo como paracaidista en una postura que recuerda la de la cangurera comercial o Bjorn. En este caso, el peso entero del niño descansa directamente sobre sus genitales, lo cual puede provocar incomodidad, rozaduras, y en el peor de los casos, riesgo incrementado de infecciones urinarias o daños a los testículos de los varones, por causa del calor, la presión, el roce y la humedad.
 
2.      
            No proporciona el soporte adecuado a caderas y piernas.
Las razones de ergonomía tras la posición en M es que con las rodillas altas, la flexión es la óptima para favorecer el correcto desarrollo de la articulación de la cadera; por tanto, con las piernas colgando hacia abajo cuando mira al frente, se pierde este objetivo ergonómico y el bebé queda literalmente colgando sobre la entrepierna, en vez de cómodamente sentado sobre su trasero y con las rodillas bien altas.
NOTA: Por otro lado, existen modos para acomodar a bebés pequeños sentados con las piernas en posición de loto, para que queden encarando al frente. En este caso, se vuelve a adoptar la posición requerida en piernas y caderas, aunque las demás consideraciones siguen presentes.
3.      
            Expone al bebé a sobrestimulación.
Los bebés son muy curiosos y algunos luchan por mirar a su alrededor, pero llevarlos viendo al frente por períodos prolongados no es lo más beneficioso para ellos, ya que aún no tienen las herramientas para enfrentar y procesar toda la información que ofrece el entorno. Los bebés deben aprender a descartar la información útil de la información innecesaria, así como aprender a bloquear su percepción de esta última.   Cuando se cansa, un bebé que viaja contra tu pecho se apoya en ti y se relaja, lo cual efectivamente le oscurece la visión para que pueda dormir; un bebé encarando afuera no puede hacer esto. El bebé tiene que ‘digerir’ todo el flujo de información que recibe en algún momento del día, y también necesita espacios de oscuridad y silencio para tener la oportunidad de procesarlo (la cual es una de las razones por las que algunos bebés se muestran más irritables por la tarde). 
4.       Presiona hombros y omóplatos hacia atrás para eliminar la curva en C de la espalda.
Cuando el bebé pende sobre la cruz del fular con una pierna a cada lado, queda inestable sobre un punto de apoyo muy angosto, lo cual le hará arquear los hombros hacia atrás para producir una espalda cóncava, en contra a la kifosis normal en los bebés antes de caminar; además, las bandas del fular, para asegurarlo, comprimen aún más el torso superior, de nuevo en contra de los principios ergonómicos y anatómicos que fundamentan el porteo ideal.
5.      Pérdida de contacto visual.
De nuevo, en contra de otra de las pocas reglas escritas en piedra del porteo (Visible y Besable), con el momito encarando al frente perdemos esa línea directa de comunicación con él o ella, es decir, no sabemos si viene despierto o dormido, si ya se babeó, o tal vez si le da el sol en los ojos. 
6.      Es menos cómodo y ergonómico para quien carga
Personalmente esta es una las razones que me parecen más relevantes para evitar las posiciones mirando al frente. Un porteo seguro, más allá de los beneficios y consideraciones hacia los críos, también tiene que ver con la comodidad y seguridad de quien carga, en la mayoría de los casos, las mamás. Cuando cargamos a nuestro bebé encarando hacia nosotros (ya sea al frente, a la cadera, o sobre la espalda), el peso entero del bebé, incluyendo el nada despreciable peso de esos bracitos y piernas olímpicas, está orientado y envuelto literalmente alrededor de nosotros, sin dejar espacios ni gran margen de movimiento. Con esto logramos integrar efectivamente el geométrico y creciente peso de nuestros tesoros a nuestro centro de gravedad, lo cual nos presta la mayor estabilidad al movernos. En cambio, cuando brazos y piernas oscilan hacia afuera, delante nuestro, el peso tira de nosotros hacia adelante y respondemos arqueando también la espalda y sobrecargando el área lumbar, todo lo cual puede provocarnos lesiones de espalda después de semanas y meses de ardua labor de crianza. 
7.      Exposición de centros vitales, absorción de impacto, pérdida de calor. 
      La espalda del bebé está cubierta de una capa adicional de tejido adiposo que le ayuda a conservar el calor cuando se encuentra ovillado en posición M. Esto ayuda al bebé a conservar el calor en la zona más vulnerable y activa de su cuerpo, el pecho y el abdomen, a la vez que los protege del impacto y la oscilación. Al encarar al frente, el vientre queda expuesto, y la espalda extendida no ayuda a absorber el impacto de cada paso que damos, ni el rebote de las piernas y brazos que cuelgan. Todo esto es incómodo y cansado para el bebé.
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Siete razones para seguir cargando a tu bebé grande

Existen muchos datos sobre los enormes beneficios de cargar a los bebés por períodos prolongados contra el cuerpo, y específicamente durante los primeros 9 meses: como una herramienta en la lactancia, como una forma de facilitar la vinculación con los padres y familia extendidaTan es del dominio público esta información, que es muy común que la mayoría de las personas ya reconozcan los beneficios del porteo y aprueben enérgicamente a las mamás que usan rebozo con sus pequeños.

Sin embargo, al igual que con la lactancia prolongada, a veces percibo una cierta perplejidad cuando te ven cargando en portabebés a un bebé mayor, digamos, de un año. La inevitable pregunta es: ¿No camina ya ese niño? ¿Por qué aún sigues con tu rebozo?

Con San que ahora tiene dos años cuatro meses, escucho mucho esta pregunta y yo siempre contesto que me parece lo más práctico, para nosotros es lo más conveniente y a los dos nos gusta. Normalmente no ahondo en el hecho que no tengo idea de lo que haría sin mis cargadores, especialmente el fular, y a veces creo que me son más útiles ahora que ya camina, que cuando era más pequeño y completamente portátil. Es más, la pregunta me desconcierta a mí, porque en realidad me pregunto, ¿cómo me las arreglaría yo *sin* cargarlo?

Investigué un poco sobre esta faceta del porteo y son menos los datos científicos, pero existen muchos vivenciales que yo experimento también día con día. Algunas de las razones para cargar cambian, pero otras sólo evolucionan: el transporte, la vinculación y la contención. Aquí algunas de ellas:

Visibilidad/Aprendizaje
Llevar a un niño de dos años contra el torso, a tu misma altura de adulto, coloca sus ojos curiosos en una posición singular y privilegiada, de la que no disfruta normalmente desde su breve estatura.  En un mundo diseñado para adultos y lleno de ellos, un bebé que apenas comienza a caminar contempla un desfile interminable de pantorrillas y traseros, barandales altísimos y patas de las mesas. Al elevarlos a la altura de nuestros ojos, él ve lo que nosotros vemos y le permitirá interesarse en procesos cotidianos, como una transacción en la tienda, donde observa el intercambio de objetos o dinero, o la cartera y la tarjeta), poner  crédito a la tarjeta del metrobús, sacar dinero del cajero (supongo que no deseamos que aprendan esto, mmm), hacer un sandwich en casa, acomodar la compra o preparar la ensalada.

Al igual que con un bebé menor, la idea es pasar tiempo de calidad con el niño mientras lo incorporamos a nuestras actividades cuando estamos en tránsito (por la calle) o bien cuando necesitan brazos en casa y tenemos otras cosas que hacer; como pasajero, el momito puede aprender de su entorno desde el contexto que le proporciona el contacto directo con nosotros, mirando desde nuestra misma perspectiva.
 
Vinculación y afecto

Es cierto que muchos bebés muestran menos interés porque los carguen cuando comienzan a gatear o a caminar con eficiencia, pero esto puede ser una etapa pasajera o incluso sólo una faceta. El desarrollo de un niño no es lineal; muchos demuestran etapas de independencia fiera y obstinada, alternándola con la necesidad de tiempo de afecto y cercanía física con los padres.  Durante estos abrazos, recarga su batería de seguridad para lanzarse a la aventura nuevamente. No todos los niños se sienten seguros en el piso todo el tiempo; calles abarrotadas, reuniones en lugares desconocidos, e incluso el simple cansancio diario, harán que pida volver a un lugar de seguridad con frecuencia.

Con el paso del tiempo y en el remolino de las actividades cotidianas, los momentos y espacios para la cercanía física van disminuyendo cada vez, por lo que el porteo (con el portabebé que sea) continúa siendo una herramienta valiosa para proporcionarnos este espacio cuando y donde lo necesitemos. Desde servir como apoyo en el consultorio del pediatra para aplicar una vacuna, hasta procurar un entorno discreto para amamantar en la calle a un  bebé ya mayor, o permitirle a un niño de año y medio dormir su siesta en el horario normal, pero a lomos porque estamos en junta.

Conveniencia

El bebé ya camina, sí, pero esto no significa que tendrá interés alguno por trasladarse de un  punto “A” a un punto “B”. En un principio, cuando apenas comienza a caminar, ni siquiera es lo suficientemente estable para caminar sin ayuda, y hasta que afirma el paso, uno pasa semanas de rompedero de cadera a pasitos detrás del nene para que no se rompa la nariz o se baje a tumbos de la banqueta. Cuando afirma el paso la cosa cambia, y ahora es donde entra mi experiencia con el portabebé como herramienta de disciplina afectiva. 

Contención, berrinches

Los niñitos pequeños pueden desenvolverse físicamente (caminan, suben, bajan)… pero su desarrollo emocional e intelectual va algo rezagado en este aspecto. Las pasiones de los dos años no tienen nada que envidiarle a las de la adolescencia. Un niño pequeño tal vez no comprenda por qué no podemos jugar a La Rueda de San Miguel en pleno andén del metro, o por qué no es buena idea beber tragos de la fuente, o por qué no podemos correr dentro del banco. En un esfuerzo por validar todos los sentimientos del niño en lo que intento cumplir con las obligaciones de nuestra ajetreada vida, mi solución han sido los portabebés… Por un lado, la contención y seguridad que proporciona la misma cercanía física, el podernos hablar a la cara, proporcionarle a él un espacio seguro y cómodo donde puede relajarse, ver los alrededores, y tal vez tomar un jugo, dormir, o entretenerse con un juguete, todo esto ha sido nuestra salvación para interrumpir mil dramas potenciales y detener algunos ya encarrilados. En efecto, las pocas veces que Santiago ha comenzado a hacer pataleta en la calle, el fular lo ha calmado de inmediato.

Seguridad

Vivo en el DF. Es una ciudad hermosa y la amo, pero es una pesadilla urbanística. Especialmente en la zona donde vivimos, donde levantan vallas para construir edificios, demuelen casas para poner departamentos, quitan patios para poner anexos, clausuran un restaurante y remodelan otro al lado, terminan una banqueta y levantan el pavimento, instalan un semáforo y demuelen la esquina, en fin, no hay día que uno pueda hacer un recorrido sin tener que caminar un tramo a media calle porque entre obras, áreas cercadas, autos estacionados defensa con defensa, sillas de bolero, puestos y hordas de peatones, uno termina temiendo por la integridad física.

Caminar con un niño pequeño en estas condiciones se convierte en un ejercicio de ansiedad, por lo menos para mí. De fijo entre estarme fijando en el tráfico, ver si podemos pasar, que no haya alcantarilla abierta y no atravesarnos demasiado a  los demás, además de intentar sujetar la manita de un niño que pugna por escapar a la libertad (me costó mucho trabajo enseñarle a ir de la mano en paz, porque es de espíritu libre y audaz), me entra un estrés que me estruja el estómago.

De nuevo en estas circunstancias el portabebé ha sido una salvación, pues ya es demasiado grande para llevarlo mucho tiempo en brazos, además que sigo disfrutando de tener libres ambas manos para cualquier maniobra o tacleo que se ofrezca. Cuando viajamos en transporte público, aunque él ya se puede sostener bien y sabe cómo sujetarse del tubo en el Metrobús, casi siempre es más práctico cargarlo a la cadera con un rebozo o fular, por la cantidad de gente, además que nos evitamos los tirones para subir y bajar o mover al pequeño, como lo advierte de pasada este artículo con recomendaciones del IMSS que habla sobre daños que pueden ocurrir por causa de jalones apresurados.


Dormir, transición

Muchos bebés tienen sueño irregular entre los 12 y 24 meses. Algunos que ya dormían toda la noche vuelven a despertar varias veces, y algunos que ya se dormían rápidamente por la noche, ahora tardan horas en conciliar el sueño. La transición al sueño es un proceso que se aprende y un bebé mayorcito ya no cae rendido de puro cansancio; debe hallar un estado de paz y relajación que le permita caer redondito en los brazos del sueño. Al igual que en los primeros meses, el portabebé puede ser una herramienta dentro de una rutina para dormir que ayude al pequeño a disminuir las revoluciones después del ajetreo del día.

Enfermedad

También como una prolongación de una ventaja durante los primeros meses, el uso del portabebé puede contribuir en el cuidado de un niño mayor enfermo. Esto no es de sorprenderse, porque creo que todos disfrutamos el apapacho cuando tenemos algún malestar. El porteo permite al niño tener la cercanía que necesita con nosotras, y tal vez conciliar el buen sueño reparador que necesita, mientras nosotras podemos continuar en cierta medida con actividades cotidianas como preparar alimentos (¡sin fuego!), practicar el danzón, etc…

¿A ti cómo te ha servido tu portabebé con tu hijo que ya camina? ¿Te han hecho comentarios?
Como apreciarán, este post necesita más imágenes, se aceptan contribuciones!

Siete cosas que no puedes hacer con una carreola

–Insertarte dentro de un metrobús, metro, o autobús que va medio lleno.

–Zambullirte grácilmente entre dos automóviles estacionados defensa contra defensa para alcanzar a la banqueta.

–Recorrer un museo cómodamente con tu bebé dormido, ya que la mayoría de ellos no admiten carreolas en el interior.

–Subir a un taxi sobre avenida Cuauhtémoc sin paralizar por completo el tráfico de las ocho de la mañana.

–Bailar con tu bebé y tu marido en una boda.

–Subir a la Pirámide del Sol en Teotihuacán.

–Pasear a tu perro sin la ayuda de otra persona.

¿Qué más se les ocurre?

Siete usos invaluables para portabebés al hombro (rebozo, pouch, anillos)

— El rebozo simple es un recurso inavaluable en los primeros días con un nuevo bebé, pues es tan sencillo utilizarlo que no resultará un engorro para la mamá que se siente nerviosa durante el proceso de conocer a su pequeño. Sólo te haces nudo como puedes sobre el hombro y ya tienes una hamaquita donde es sencillo colocar al pequeño; es fácil ajustarlo y probar distintas cosas para amamantar, dormir, etcétera. Con el tiempo y la práctica, el nudo y el ajuste mejoran enormemente. Si todo falla, no te acomodas, el niño llora y te sientes abrumada, siempre puedes ayudarte a cargar el bebé con el rebozo envuelto sobre hombros y brazos, como las abuelitas. Así igual te ayudas a distribuir el peso, y puede que ayude también a un bebé inquieto a acostumbrarse al porteo, pues aunque se siente en brazos, igual está envuelto en el rebozo.

–Un cargador de anillos o un pouch son ideales en los viajes, pues son una opción útil y sencilla de utilizar en espacios reducidos como aviones, autobuses, automóviles, etcétera. Puedes meter y sacar al bebé en pocos segundos y sin necesidad de ponerte en pie, y en ocasiones (cuando no tienes asiento especial) es más cómodo dejarlo dentro del rebozo en aviones y autobuses pues como siempre, el abrazo y la vibración reconfortan al bebé y probablemente lo adormezcan. Cuando ya no lo necesitas, lo haces bola y lo guardas en la mochila (al cargador, no al bebé obviamente). Puede ser un salvavidas cuando tienes bultos que cargar y no tienes el espacio o la paz mental necesaria para envolverte amorosamente con el fular o el mei tai. Además, multiplica su uso al servir como cambiador, cobija, mantel, o hasta pañuelo en una emergencia; versátil, ligero y a la mano.

–Aunque se puede amamantar muy cómodamente con un fular (y con el mei tai), en los primeras semanas y meses creo que el cargador al hombro se lleva el premio en cuanto a la conveniencia para la lactancia; tienes mayor libertad para ajustar, mover, probar distintas cosas y posiciones para ver cómo se acomodan mejor; además que proporciona una cubierta que te permite ser discreta y, más adelante, te apermite crear una cierta barrera para aislarlos a ambos del bullicio exterior; es decir, ayuda a que al bebé no lo distraiga tanto el entorno.

–Los rebozos son la opción incontestable para el arrullo. Si a tu bebé le cuesta trabajo hacer la transición entre el ajetreo del día y la calma vespertina, por lo que se le dificulta relajarse para dormir, un rato cargado con el rebozo o el cargador de anillos lo relajará lo suficiente para intentar dormirlo. Si se queda dormido en el rebozo, también es de lo más sencillo acostarlo suavemente en la cama o en la cuna, te deslizas grácilmente para salir de la bandolera, y listo, te vas de puntillas. (Eso sí, una advertencia: SIEMPRE hay que deshacer el nudo del rebozo o soltar la tela de los anillos, para evitar que el bebé se enrede mientras duerme. Por esto mismo esta opción no aplica al pouch, será necesario sacar al momito con todo cuidado).

–Los bebés mayores que ya hablan un poco y demuestran abundantemente su voluntad tal vez prefieran usar este tipo de portabebé, pues saben que tienen mayor facilidad para subir o bajar, además que no necesitan quedarse quietos en lo que haces la maniobra envolvente con fular o mei tai. ¡En esa etapa cuando empiezan a caminar y sólo quieren subir y bajar, la espalda agradece contar con un rebozo!

–Es muy buena idea dejar un rebozo o pouch de repuesto en el automóvil. Tal vez salgas con la idea de usar el fular ese día, y por una razón cualquiera necesites el rebozo. Por ejemplo,  llegas sola del super a casa y lo usas para subir al bebé y algunas bolsas, en vez de hacer todo el ensarapado con el fular para tener las manos libres. O sales a comer y lo utilizas para ayudarte con el niño en la mesa. Además, siempre puede ocurrir que salgas con alguien que lo pueda necesitar: una amiga que quiere dejar la carreola en casa esta vez, alguna prima que quiera hacer la prueba con su bebé, etc… ¡puedes llegar hasta a convertir a alguna adicta del cochecito!

–La rapidez y facilidad de su uso lo hacen perfecto para esas salidas rápidas, como correr a la tienda o salir rápido a atender alguien en la puerta. Nadie tiene que esperarte, ni hay rango de error como con el fular que a veces no queda bien y hay que empezar de nuevo; sólo te lo pones, sientas al niño, y ya.  Por lo mismo, este tipo de cargador resulta muy conveniente cuando sabes que tendrás que sacar y meter al bebé varias veces, como para una salida a los juegos del parque, en fiestas familiares, visitando a amiguitos, una visita al médico… Mi cargador de anillos ha demostrado su valor con cada vacuna, pues literalmente sólo lo saco un minuto para que lo piquen y me lo encasqueto de nuevo tan pronto como terminan. Santiago casi siempre va dormido para cuando salgo de la clínica.

Siete verdades tras mitos del babywearing

1. “No cargues tanto al bebé porque le da mamitis y luego ya no se desprende de tus faldas.”

Al contrario de lo que sostiene la creencia popular de que un niño en brazos ‘se consiente’, muchos estudios han demostrado que los bebés que reciben más contacto y estímulo sensorial piel con piel durante sus primeros meses y años crecen para ser niños más independientes y seguros. Satisfecha su enorme necesidad de contacto, el bebé aprende, observa, y absorbe todo a su alrededor desde la seguridad que recibe del contacto directo con su portador, lo cual fomenta su autonomía y le ayuda incluso a separarse más pronto de su madre por períodos más prolongados, ya que el niño está seguro del lazo con sus padres.

Además, un niño portado con frecuencia tiene mejores oportunidades para socializar, por la simple razón de encontrarse al mismo nivel de los adultos. El bebé puede ver claramente la cara de mamá, de papá, de las personas a su alrededor; escucha las conversaciones, observa los gestos, en fin, observa los rudimentos de toda interacción social desde una posición neutral y segura. Cuando salgo a la calle con San todos le hablan en forma natural y él desde muy pequeño responde mirando a los ojos, evaluando, con frecuencia regalando una sonrisa. En general, al crecer estos bebés portados tienen más experiencia en una situación en sociedad y por tanto, se sienten más confiados para abandonar las faldas de mamá.

2. “Puedes llevarlo en brazos de recién nacido, pero después de unos meses ya te va a pesar demasiado.”

Es cierto que en un principio es casi demasiado sencillo cargar a un recién nacido, ya sea en brazos o con un rebozo o cualquier cargador simple de tela, hasta una bufanda en un apuro. El material, la longitud y la forma de amarrarlo son secundarios pues el bebé pesa muy poco y cuesta poco llevarlo. Conforme crece, sin embargo, es necesario prestar mayor atención a la técnica y la forma de llevarlo (sobre un hombro o los dos, pegado a la parte alta o baja de la espalda). Para esto, cargadores con cierta estructura como el mei tai o una mochila ergonómica que distribuya el peso entre hombros y cadera ayudan a aliviar el peso del bebé; de igual forma, al hacer del babywearing una costumbre, vas desarrollando la musculatura necesaria para llevar la creciente carga con gracia.

Con la combinación correcta de técnica y el portabebé adecuado, se puede portar a un niño desde el nacimiento hasta los dos o tres años, para cuando será el mismo chamaco el que ya no se dejará envolver. En conclusión, tú puedes llevar a tu momito todo el tiempo que quieras mientras tengas la intención y los medios adecuados.

3. “No lo dejes que duerma en brazos porque después ya no se acostumbra a la cuna.”

Un bebé recién nacido siente una enorme necesidad del contacto y cariños de sus padres, así como de las sensaciones de cercanía con su madre como su aroma, su voz, sus movimientos, etc. Todo esto le calma y le permite relajarse y dormir por largos períodos. El descanso o siestas adecuadas durante el día no hacen más que promover un sano sueño prolongado por la noche, ya que se ha observado que los bebés estresados y cansados en exceso tienden a despertarse con mayor frecuencia. En consecuencia, cabe deducir que un bebé que ha estado relajado en el fular durante el día tiene buenas probabilidades de dormir bien por la noche.

Por supuesto, todos los bebés son diferentes y sus necesidades distintas; algunos se dan la vuelta y se duermen en su cuna sin necesitar más cuando es hora (cual es el caso de mi San), en tanto que otros necesitarán más danza y en ocasiones rebozo.

4. “Esos cargadores les estropean las piernas/las caderas/la espalda.”

En realidad, un portabebés de tela tradicional (rebozo, fular, mei tai, etc) bien colocado proporciona el soporte adecuado a la pelvis, columna vertebral y cuello del bebé, amoldándose a la curvatura natural del cuerpo de los bebitos, especialmente los recién nacidos. En contraste, en una cuna o una carreola el niño queda apoyado sobre una superficie recta, por lo cual el tiempo excesivo sobre este tipo de superficies puede ocasionar problemas (como la plagiocefalia posicional). Asimismo, la posición en M de las piernas del momito cuando queda sentado en el cargador es óptima para el desarrollo de la articulación de la cadera; es una posición ergonómica que naturalmente adoptan todos los bebitos cuando los cargan.

5. “Los niños van incomodísimos en esos cargadores, todos apretados.”

De nuevo, los recién nacidos rara vez extienden los miembros o permanecen en esta posición; después de tanto tiempo dentro del vientre, su cuerpo ha tomado la curvatura en forma de C de la posición fetal y no se extienden hasta pasados unos meses. De igual forma, después del entorno confinado del vientre, a los pequeños les tranquiliza y reconforta sentirse contenidos, ya sea en brazos o en el abrazo de un rebozo o un fular. De ahí los famosos ‘rebozos mágicos’ para dormir a los niños, que apapachados y apretaditos contra un pecho o una espalda cálida, pueden dormir por horas. Por tanto, el bebé no va incómodo en el cargador (aunque tal vez un bebé emprendedor sí se muestre molesto porque no alcanza desde su posición en el fular las Paletas Payaso en la fila del super).

6. “Te vas a amolar la espalda cargando al niño tanto tiempo.”

Sin importar si planeamos portear al bebé con rebozo, fular, mei tai, o que prefiramos usar la carreola, un hecho incontestable es que pasamos muchísimo tiempo con el bebé en brazos.

En lo personal, creo que independientemente del modo en que optemos por llevar a nuestros bebés, resulta valioso aprender una técnica y un modo correcto para portar al bebé cuando es necesario. Al llevarlo simplemente en brazos todo el peso del momito cae sobre los brazos y hombros, lo cual a la larga resulta muy cansado y perjudica la espalda; en cambio, con un simple rebozo el peso se distribuye en hombro y espalda y sólo con eso cargarlo se vuelve mucho más cómodo; además disminuye el riesgo de lesiones o dolores localizados en brazos, hombros o espalda porque distribuimos la carga entre una mayor cantidad de músculos.

Por último, también creo que es importante en primer lugar, aprender a manejar al bebé a modo de no lastimarnos, es decir: levantarlo y bajarlo doblando las rodillas y acuclillándonos en vez de doblarnos por la cintura, cargar al bebé pegado al torso, alternar el brazo y la cadera sobre la que normalmente lo llevamos para no sobrecargar los músculos de un solo lado, así como hacer algunos ejercicios sencillos para el fortalecimiento del abdomen y la espalda baja, especialmente después del parto ya que esta área del cuerpo sale muy castigada.

Es muy posible cargar un bebé sin lastimarnos, pero como siempre la práctica y la técnica correcta son de gran importancia. Los portabebés de tela ayudan a distribuir el peso en una mayor parte del cuerpo y por tanto son indispensables si deseamos cargar al bebé por ratos largos. Sin embargo lo utilicemos o no es necesario desarrollar una conciencia corporal a fin de entrenar el cuerpo para cargar el nuevo (y creciente) peso sin sufrir lesiones.

7. “Ese niño no se sienta/gatea/se para porque siempre lo traes pegado.”

En realidad, el porteo ayuda al bebé a desarrollar su musculatura más rápidamente. Un bebé en fular debe realizar pequeños movimientos compensatorios para conservar su posición cuando su madre camina, se sienta, se inclina o se vuelve; esto le proporciona mayor estímulo para desarrollar la musculatura para controlar el peso de su cabeza en comparación con un bebito que pasa períodos de tiempo prolongados en el asiento del auto o en la carreola, que aunque conservan una posición correcta lo mantienen inmóvil. Asimismo, el vaivén del caminar y otros movimientos de mamá contribuyen al desarrollo del sistema vestibular, el cual se ocupa de la coordinación en general y el equilibrio.

En resumen, aunque todos los niños se desarrollan a su propio ritmo y alcanzan metas como sentarse, gatear o caminar antes o después que otros, los niños que son portados con frecuencia reciben muchos estímulos que les ayudan a desarrollar las habilidades necesarias para alcanzar estas metas, es decir, el control muscular y el desarrollo del sentido del equilibrio y el movimiento.

Siete sugerencias para llevar al bebé con rebozo o mei tai en la espalda

-La clave. Cuando aprendemos a llevar al bebé a la espalda, es importante recordar que también para el nene se trata de algo nuevo. Antes de aprender que ir en la espalda de mamá es algo súper divertido y cómodo, algunos bebés se retuercen, se ponen tiesos, enchuecan las piernas, algunos lloran a mares y protestan como si fuera el fin del mundo, y hasta hay el que trata de saltar como pez; así que mi primera recomendación es, mucha PACIENCIA.

-El momento. Por la razón anterior, el primer paso para practicar es siempre buscar un momento en que el niño esté tranquilo, contento, alimentado, descansado y limpio. Mamá también tiene que estar calmada, sin prisas y de buenas, porque ésta es una tarea de prueba y PRÁCTICA; habrá veces en que no tengamos éxito y no nos debemos de frustrar ni enojar.

-La seguridad. La práctica traerá la certeza y la confianza, pero obviamente esto no lo sentimos al principio. Con la técnica correcta, es muy seguro portear al bebé en la espalda, pero para practicar hay que tomar precauciones con el fin de no llevarnos un susto. Resulta útil contar con otra persona que nos ayude a vigilar que el bebé esté seguro e intervenga en caso de ser necesario, pero en lo personal yo prefiero aprender sin depender de otra persona. Se puede practicar de rodillas sobre la cama o una colchoneta en el piso, o sobre un sofá. Hay que partir de la premisa que el niño no tiene por qué caerse, si seguimos la técnica en forma concentrada.

-La posición. Es importante recordar mantener la espalda inclinada, como si fuéramos una mesa; de esta manera, es difícil que el bebé caiga o resbale. De la misma forma, hasta que el momito está firmemente sentado en un bolsillo de tela, es necesario tener un mano todo el tiempo bajo su trasero. Como alternativa, si alzamos los brazos en la posición de la fotografía mientras subimos y ajustamos el rebozo o mei tai, estos forman también una barrera efectiva que impiden que el bebé pueda rodar o caer (siempre y cuando conservemos la inclinación de la espalda).

La posición en triángulo de los brazos protege al bebé de una caída.

-La tensión. Tanto al momento de amarrar, como cuando ya está hecho el nudo, la tensión de la tela es súper importante. Mientras amarramos, es la tensión la que va a crear seguridad cuando afirmamos el borde superior alrededor del niño, para después apretar gradualmente el asiento que forma el borde inferior. Es de vital importancia que este borde quede correctamente colocado bien abajo las pompas del bebé (incluso podemos darle toda la vuelta y remeterla en los pantaloncitos del crío por enfrente), bajo los muslos y hasta las corvas. Una vez acomodado, yo me enderezo un poco antes de continuar para que el peso del niño se vaya al asiento y las rodillas suban para lograr la posición correcta.

-El método: Un video con algunas técnicas para trepar al momín a la espalda; el subtitulaje es mío. Algunos instructivos recomiendan comenzar con el niño sentado o acostado en una silla con el fular o mei tai sobre los hombros, ¡pero a mí me da miedo que el chavito se voltee antes de que me lo amarre! Prefiero aventármelo encima y listo. De nuevo, la seguridad y la confianza son la clave.

[no funcionó el subtitulaje. 😦 Lo arreglaré en cuanto pueda, pero mientras tanto creo que el video es lo bastante claro para dar una idea.]

-El ardid: En mi caso, debo buscar un modo de entretener a San, porque si no le da por intentar hacerme trizas las orejas. Sus dulces manitas son como garras de tigre y prefiero estar lista y darle un muñequito (blandito por si le da por martillarme con él la cabeza), o me pongo un collar resistente y llamativo, o pongo Nick Jr y dejo que se embobe con Dora la Exploradora mientras yo resollo y envuelvo. También funciona tener un espejo para hacerle carantoñas, cantar con voz de Pato Donald su canción favorita, o darle mis largas trenzas para que me las arranque lentamente. En fin, hay que ser entretenida porque si no el crío se harta.

Siete ventajas de portar a mi bebé en un lugar como la Ciudad de México

— En vez de tener que planear dónde bajo la carreola de la banqueta, dónde la subo, ahí hay una rampa pero cómo llego con todos esos coches estacionados, simplemente me lanzo a cruzar la calle como el rayo cuando se pone el alto.

— Me subo directamente al taxi en vez de detener todo el tráfico sobre Cuauhtémoc en lo que extraigo a San de la carreola y la doblo como puedo bajo el aluvión de claxons.

— En los edificios, no necesito esperar ocho vueltas a que se desocupe medio elevador para poder hacerle sitio a un carruaje, ya que el pasajero y yo ocupamos el espacio de una persona. Por la misma razón, ya no es impensable utilizar el metro o el autobús en vez de tomar el auto; es poco el espacio adicional que necesito (y no hay necesidad de trotar escaleras arriba y abajo con el bebé dentro de la carreola).

–En vez de hallarme atrapada detrás de un grupo de ocho señoras que acaban de salir muy lentamente del Sanborns, puedo rebasarlas a medio galope y dejarlas a todas atrás.

–Cuando llueve no necesito refugiarme bajo el toldo más cercano o buscar metros de plástico para cubrirme yo y la carreola, ¡simplemente abro mi paraguas y me apresuro!

–En mercados, tienditas apretadas y oxxos pequeñitos, paso por todos lados en vez de tener que dejar afuera la carreola o darle a todo el mundo en las espinillas mientras trato de maniobrar de reversa. Tampoco tengo que sentar a San en uno de esos horribles asientos de los carritos del Chedraui.

–Podemos llevarlo a desfiles, fiestas, ferias, etcétera donde hay mucha gente sin que se estrese ni yo tener que preocuparme porque lo besen, toquen, muerdan o me le echen ojo en su carreola.