Tipos de portabebés, Parte III: Mei tai y otros portabebés tipo asiático

El mei tai es el portabebé asiático mejor conocido, y el más fácil de encontrar en México pues se ha popularizado entre varios fabricantes de cargadores. Existen muchos otros tipos de portabebés asiáticos, mas el punto en común es que todos consisten en un cuerpo o manta cuadrangular con un sistema de tiras en los extremos, las cuales se envuelven alrededor del cuerpo para ajustar con nudos alrededor de bebé y portador.

El mei tai tiene cuatro tiras a los extremos del cuerpo de tela; las tiras inferiores se anudan en la cintura o sobre las costillas (dependiendo de la altura que deseamos para el momo) para sentar al bebé en la tela, envolverlo con ella y pasar las dos tiras superiores más largas sobre los hombros y de nuevo alrededor del nene para asegurarlo.

Por su diseño, permiten distribuir el peso en ambos hombros, espalda y cadera, y permiten llevar al momito en la espalda, al frente, o a la cadera. Dependiendo de la calidad de los materiales y la manufactura, pueden soportar a niños muy grandes, hasta 35 kilos o más. Las tiras de los hombros pueden ser acolchadas o bien anchas y flexibles, estilo fular. 

Aunque se recomiendan para niños grandecitos que ya sostienen la cabeza y son excelentes para bebés mayores que quieren subir y bajar rápido, los porteadores experimentados pueden usarlos con bebés más pequeños y hasta recién nacidos, siempre y cuando se preste cuidado para adaptar el cargador al tamaño más pequeño y se preste especial atención al soporte de la espalda, la cabeza y el cuello. 

El podeagi es otro modelo conocido de portabebés asiático: consiste en las dos tiras superiores, unidas a un cuerpo cuadrangular o semicircular, literalmente un panel de tela que se envuelve alrededor del bebé y se  asegura al cruzar las tiras bajo el crío.

El onbuhimo es la expresión japonesa del portabebés asiático, es parecido al podeagi excepto que el cuerpo de tela es más corto y tiene en la parte inferior dos anillos a los lados, por los cuales pasan las tiras superiores para asegurarlas por debajo del momito.


Sin importar el modelo específico, los portabebés asiáticos son recomendables por frescos, coloridos, y porque son más rápidos de poner y quitar que un fular largo, en tanto que permiten una distribución parecida del peso en ambos hombros y espalda. También es posible pasar al bebé de adelante a atrás y viceversa con relativa facilidad.

En este tipo de portabebés, como ya mencioné, los materiales y la manufactura son cruciales; a la hora de comprar, es recomendable comprobar que el cuerpo sea de dos capas (por lo menos) de materiales fuertes, pero frescos (loneta, gabardina, manta, algodón pesado). Las tiras son todas de una pieza y las costuras que lo unen al cuerpo son de particular importancia, porque son lo que sufre más con la tensión; las costuras deben ser en forma de caja y reforzado en equis (X), e insertadas dentro del cuerpo del cargador para impedir un desgarre repentino.

Aunque salimos un poco de tema, termino con una foto desgarradora tomada después del tsunami en Japón, la mujer lleva al pequeño en un tradicional onbuhimo japonés y me parece un retrato perfecto de cómo el porteo puede ser un salvavidas en una situación de emergencia.

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El fular de manta, una opción económica en el DF

Los fulares tejidos o rebozos largos son una opción excelente para portar al bebé por períodos prolongados, ya que ofrecen una enorme versatilidad, con un solo fular largo pueden hacerse una multitud de amarres al frente, a la cadera, y en la espalda. Es el siguiente paso lógico después del suave fular elástico que resulta tan útil y gentil con los recién nacidos.

Al no tener elasticidad y mantener en su sitio al pequeño, resulta una opción segura para llevar al bebé a la espalda (lo cual no es necesariamente el caso con un tejido elástico), además que permite una distribución uniforme del peso en los hombros sin partes que se ‘venzan’ o se ‘cuelguen’, que es lo que ocurre cuando llevas a un bebé mayor o a un niño pequeño con el fular elástico. Por último, un fular tejido de algodón es mucho más fresco y respirable que un tejido con licra o nylon,  e incluso que el tejido de punto.

Los fulares europeos son una inversión que vale mucho la pena por su elasticidad trasversal, por sus diseños y por la composición de sus telas, pero son costosos. Una opción más económica es probar con manta de algodón, de preferencia tejida a mano (el entramado es más favorable). Un fular de manta es fresco, económico y duradero, y con el uso se suaviza enormemente.

En el Distrito Federal, encontré en la colonia Roma un distribuidor de mantas tejidas a mano que ofrece un precio muy costeable por metro, además de ofrecer muchísimos colores y diseños bonitos. El metro de cualquier color o diseño cuesta 75 pesos, y por 135 pesos ofrecen el servicio de costura para cortar el fular al ancho y darle el dobladillo si lo deseas, por lo que ésta es una opción para conseguir un fular bonito, versátil y económico (¡y hecho en México!).

Como un ejemplo, un fular de 4.8 m, el costo por la tela es de 360 pesos; ya cortado y cosido, tiene un costo de $495.  (Además, te llevas tus retazos).

La dirección es:
Telas Típicas
Campeche 157 Col. Roma
Tel. 55643856

Ya sea que lo adquieras en este lugar o adquieras la manta donde lo desees, se recomienda un ancho entre 70 y 90 cms. Puede ser del largo que sea, pero estas son algunas longitudes estándar:

5.2 m — recomendable para personas muy corpulentas y/o para bebés mayores.

4.8 m — permite realizar todos los amarres a personas de cualquier tamaño, con colas de sobra para acabar en tibetano o agregar una banda en el pecho para mayor sostén.

4.2 m — ésta es la longitud más común entre los rebozos largos, tiene mucha versatilidad y permite muchos amarres sin tener que estar luchando con colas largas. sin embargo, tal vez quede un poco corto a personas corpulentas o muy altas con bebés muy grandes, o bien no permitirá la longitud para terminar en tibetano.

3.2 m y 3.6 m — estos son fulares más cortos, y por tanto más sencillos de poner y quitar, pero no proporcionan tanto rango de elección como los más largos. igual permiten una variedad de posiciones a la cadera, al frente, y a la espalda con soporte en los dos hombros.

≤2.7m  — ésta es una longitud con poca versatilidad pero mucha utilidad, pues dependiendo de la persona, es posible hasta cargar a la espalda sobre los dos hombros. los rebozos clásicos suelen rondar este largo.

Tipos de portabebés, Parte II: El fular o rebozo largo

El fular es el máximo, el novamás, la cúspide misma del arte del porteo por todas sus bondades inherentes: las mil y una variaciones, ajustes y amarres que permite en la espalda, a la cadera, al frente, con el niño sentado, recostado, acostado, o sentado en posición de flor de loto; con el fular apropiado, se puede llevar lo mismo a un recién nacido que a un pre-escolar cansado; además de su función como portabebés, puede fungir también como hamaca, estola, columpio, cambiador, cobija, mantel, y hasta vestido improvisado.

La inmensa variedad de longitudes, colores, texturas, entramados y composiciones que existen crean un universo aparte donde existe un fular perfecto para cada binomio niño-portador, en cualquier clima, a cualquier edad, y para cualquier ocasión.

Pese a todo lo anterior, el fular es también el epítome de la sencillez, ya que consiste únicamente de un trozo largo de tela, sin broches, hebillas, ni costura alguna de la mayoría de los casos. La curva de aprendizaje con el fular es un poco más pronunciada que con otro tipo de cargadores, pero para quien lo practica, siempre vale la pena, por su tacto suave, su versatilidad, y el ajuste perfecto.

Existen dos clases principales de fulares: el fular elástico y el fular tejido.

Fular elástico

El fular elástico es un tramo largo (entre 4.5 y 5 metros) de tela suave y elástica a lo ancho, por lo general de algodón de punto o tipo “camiseta” con distinto grosor, e incluso con algún contenido de licra u otro tejido de nylon para hacerlo más elástico.

Este tipo de fular es óptimo para cargar a recién nacidos y bebés pequeñitos, con un peso inferior a los 8 o 9 kilogramos; una vez superado este peso, el fular da demasiado de sí al amarrarlo y se vuelve incómodo, además que comienza a deformarse y se afloja en poco tiempo. Sin embargo la razón más importante para dejarlo en este punto es que a partir de entonces representa un riesgo de seguridad, porque el bebé ya tiene la fuerza suficiente para vencer la tela al empujar.

El fular elástico es divino para recién nacidos y papás primerizos que no tienen cabeza para aprender todas las sutilezas que conlleva el babywearing con el fular tejido al tiempo que lidian con su nueva condición de padres. El fular elástico te lo colocas bien pegado como una camiseta, lo estiras un poco para insertar al pequeño, y sanseacabó. El momito va seguro, todo su cuerpo va bien soportado por la tela, es suave, esponjoso y se puede amarrar antes de colocar dentro al bebé. Un ejemplo es el famoso video del papá sexy.

También tiene la ventaja de ser una opción económica, puesto que prácticamente cualquier tela de punto de algodón sirve para hacerse uno. Sólo es cuestión de comprar un tramo de 4.5 a 6 m de largo en cualquier telería, y lo cortas a un ancho de 50 a 70 cm. Por lo general esto nos deja con dos fulares idénticos, pero siempre puedes regalar el tramo extra a alguna mamá amiga.

Por último, una advertencia en cuanto a estos fulares. A pesar de que se les publicita para utilizarse en posiciones al frente, a la cadera y en la espalda, en realidad los grupos de usuarios experimentados (es decir, mamás con muchos hijos de rebozo) sólo los consideran seguros para realizar amarres al frente. Los nudos a la cadera y a la espalda son inseguros por las mismas razones por las que no debe excederse el límite de peso: el bebé puede empujar con la fuerza suficiente para vencer la tela y caerse. En mi opinión, simplemente no hay forma de garantizar que no ocurra un accidente con un bebé amarrado en la espalda con un fular elástico, y por lo tanto yo tampoco lo recomiendo.

Fular tejido

Los fulares tejidos son, por un lado, la herencia directa del sencillo trozo de tela que usaban nuestros antepasados; por el otro, son resultado de una empresa de ingeniería textil que iniciaron los alemanes en los años setenta, al redescubir y adoptar el método del porteo con fular en la sociedad moderna. Con la ayuda de artesanos textiles nativos en países como Guatemala e India, se dedicaron a la búsqueda del tejido óptimo para cargar a los momines.

Treinta años de trabajo de esta industria han producido una galaxia de fulares con distintas bondades, beneficios, grosor, color, flexibilidad, suavidad… Los amantes de este estilo pueden perderse en los detalles de un entramado, un diseño, un material, y los debates y rebates continúan. En general su costo es alto, pero lo valen perfectamente, por su versatilidad, su resistencia, su longitud de uso, etc; normalmente, se vuelven posesiones muy personales y atesoradas.

La versatilidad no es la menor de estas virtudes; con un fular tejido de un largo mediano, alrededor de 3.6 m, pueden hacerse gran variedad de amarres al frente, a la espalda, en la cadera; sobre los do hombros, sobre uno solo, sobre hombros y cadera, en el torso, etc. Puedes llevar a un delicado recién nacido a la espalda, perfectamente asegurado y con la cabeza sujetada con una banda del fular. También puedes llevar a un niño de dos años que ya se cansó de caminar en Six Flags. ¡Incluso puedes llevarlos a los dos al mismo tiempo!

La elección del tejido, el color, la longitud del fular es enteramente personal y como siempre, dependerá del conjunto de necesidades individuales, incluyendo la frecuencia de uso que se le va a dar, el clima de la región, el uso destinado (para estar en casa, para salir, etc.), y por supuesto las preferencias personales. En realidad, una vez adquirido este gusto se vuelve peligroso, pues ¡se vuelve adictivo! En última instancia siempre hay que recordar que detalles aparte, lo importante es que se trate de una tela fuerte, ligera, y que se sea cómoda para portador y bebé.

Cruz envolvente al frente con bolsillo por dentro

Ésta es la versión en fular tejido del mismo amarre que vimos en el video del papá sexy en Noruega con un fular elástico. Permite llevar a un bebé más pesadito sentado contra el pecho y distribuye uniformemente el peso en los dos hombros, por lo que es muy cómodo. Se puede llevar al bebé así desde recién nacido. Para realizarlo, se necesita un fular elástico o tejido bastante largo, de al menos 4.5 metros.

Esta posición a mí me sirve mucho para tranquilizar y apapachar a mi bebito cuando tiene sueño o se siente mal, y también lo puedo aflojar un poco para amamantar discretamente. Cuando era más pequeño era ideal para todo, pero ahora ya cuando salimos se revuelve y se retuerce si lo llevo así porque quiere ver qué pasa detrás de él. Sin embargo, todavía la uso cuando vamos en el transporte público o cuando tengo que “platicar” con él, como en la fila del banco.

Notas:

1. Fíjense cómo la mamá de este video ajusta bien el bolsillo desde que coloca por primera vez al bebé, de forma que puede soltarlo por completo para jalar los dos extremos sobre sus hombros y formar la cruz. Esto lo logra extendiendo bien el fular desde las corvas hasta las axilas del bebé y flexionándole las piernas para que suba las rodillas y quede en la posición de ranita. Así está ya bien sentado y no tiene que sostenerlo con las manos sino sólo conservar la tensión de la tela.

2. En todos los amarres con fular tejido es muy importante conservar una tensión uniforme en toda la tela. En el video la mamá primero ajusta el bolsillo tirando de ambos bordes en sus hombros: primero el de arriba, luego la parte de en medio, y luego el borde de abajo. Para esto, ayuda tener un fular que tenga los bordes de distinto color, para distinguir cuál estamos apretando, pero esto no es indispensable.

3. Siempre hay que tomarnos el tiempo para cuidar que la tela cruce pareja en nuestra espalda, sin torcerse ni hacerse bolas; esto ayudará a evitar puntos de presión incómodos y a distribuir correctamente el peso por toda la espalda.

4. El último pase de los extremos antes de anudar atrás va debajo de las piernas del bebé; observen que cuando ella rebota al niño por última vez para apretarlo las rodillas se levantan y el bebé ya queda bien sentado.

5. Los “rebotes” antes de anudar bien todo ayudan a que la tela quede bien tensa, lo cual mejora la comodidad, pues después de anudar todo amarre tiende a aflojarse un poco. El bebé debe quedarnos lo suficientemente cerca para besar su frente.