No lo hagas: ¿Bebés viendo al frente?

Otro punto controversial en el uso moderno de portabebés viene de las opiniones encontradas acerca de cargar a los bebés viendo hacia el frente. Cuando los bebitos alcanzan cierta edad y tamaño, alrededor de los tres o cuatro meses (incluso antes), muchos comienzan a demostrar una activa curiosidad y en vez de dormitar angélicos en el fular como lo hacían a las pocas semanas, ahora empujan contra nuestro pecho con impaciencia, gruñen, y estrenan músculos cervicales para volver sus grandes cráneos y ver con quién estás hablando. Muchos papás cargan en brazos habitualmente a sus cachorros encarando hacia afuera, para satisfacer a estas personitas curiosas; en consecuencia, al combinar con el portabebé, viene la pregunta: ¿Cómo lo coloco para que quede viendo hacia afuera? ¡A mi niño le encanta ver hacia afuera!
Como la del bebé en bicicleta, ésta es una de esas ideas que surge automática, pero que cuando lo pensamos un poco más, nos percatamos que no es muy recomendable. Cuando analizamos con cuidado lo que ocurre cuando cargamos a nuestros bebés en esta posición, encontraremos que hay muchas razones ‘de peso’ que contravienen algunos de los principios básicos del porteo o babywearing; entre ellos, que tanto el bebé como quien lo carga deben ir cómodos y seguros, y en una posición que no les perjudique a largo plazo. Por eso, la mayoría de los grupos, líderes, y porteadoras con experiencia preferimos recomendar que intentes una posición a la cadera o en la espalda, si tu bebé es curioso y protesta cuando lo llevas encarando hacia ti. Así, el nene queda orientado hacia tu cuerpo, con su peso bien pegado al tuyo, al tiempo que puede disfrutar del escenario a su alrededor sin perderte nunca de vista. 
A continuación, siete razones por las que no se recomienda encarar a los bebés hacia adelante:
1.      Peso sobre los genitales
      Con un portabebé natural y ergonómico como el rebozo o el fular de anillos, buscamos que el bebé siempre quede sentado con las rodillas elevadas y soportadas por un amplio asiento de tela, adoptando la posición en M o de ranita (posición de sentadilla); sin embargo, es imposible lograr esta posición cuando encaramos el bebé hacia el frente. En anuncios y publicidad errónea, es común ver fotos de niños suspendidos por las ingles sobre la cruz del fular, con las piernas colgando rectas hacia abajo como paracaidista en una postura que recuerda la de la cangurera comercial o Bjorn. En este caso, el peso entero del niño descansa directamente sobre sus genitales, lo cual puede provocar incomodidad, rozaduras, y en el peor de los casos, riesgo incrementado de infecciones urinarias o daños a los testículos de los varones, por causa del calor, la presión, el roce y la humedad.
 
2.      
            No proporciona el soporte adecuado a caderas y piernas.
Las razones de ergonomía tras la posición en M es que con las rodillas altas, la flexión es la óptima para favorecer el correcto desarrollo de la articulación de la cadera; por tanto, con las piernas colgando hacia abajo cuando mira al frente, se pierde este objetivo ergonómico y el bebé queda literalmente colgando sobre la entrepierna, en vez de cómodamente sentado sobre su trasero y con las rodillas bien altas.
NOTA: Por otro lado, existen modos para acomodar a bebés pequeños sentados con las piernas en posición de loto, para que queden encarando al frente. En este caso, se vuelve a adoptar la posición requerida en piernas y caderas, aunque las demás consideraciones siguen presentes.
3.      
            Expone al bebé a sobrestimulación.
Los bebés son muy curiosos y algunos luchan por mirar a su alrededor, pero llevarlos viendo al frente por períodos prolongados no es lo más beneficioso para ellos, ya que aún no tienen las herramientas para enfrentar y procesar toda la información que ofrece el entorno. Los bebés deben aprender a descartar la información útil de la información innecesaria, así como aprender a bloquear su percepción de esta última.   Cuando se cansa, un bebé que viaja contra tu pecho se apoya en ti y se relaja, lo cual efectivamente le oscurece la visión para que pueda dormir; un bebé encarando afuera no puede hacer esto. El bebé tiene que ‘digerir’ todo el flujo de información que recibe en algún momento del día, y también necesita espacios de oscuridad y silencio para tener la oportunidad de procesarlo (la cual es una de las razones por las que algunos bebés se muestran más irritables por la tarde). 
4.       Presiona hombros y omóplatos hacia atrás para eliminar la curva en C de la espalda.
Cuando el bebé pende sobre la cruz del fular con una pierna a cada lado, queda inestable sobre un punto de apoyo muy angosto, lo cual le hará arquear los hombros hacia atrás para producir una espalda cóncava, en contra a la kifosis normal en los bebés antes de caminar; además, las bandas del fular, para asegurarlo, comprimen aún más el torso superior, de nuevo en contra de los principios ergonómicos y anatómicos que fundamentan el porteo ideal.
5.      Pérdida de contacto visual.
De nuevo, en contra de otra de las pocas reglas escritas en piedra del porteo (Visible y Besable), con el momito encarando al frente perdemos esa línea directa de comunicación con él o ella, es decir, no sabemos si viene despierto o dormido, si ya se babeó, o tal vez si le da el sol en los ojos. 
6.      Es menos cómodo y ergonómico para quien carga
Personalmente esta es una las razones que me parecen más relevantes para evitar las posiciones mirando al frente. Un porteo seguro, más allá de los beneficios y consideraciones hacia los críos, también tiene que ver con la comodidad y seguridad de quien carga, en la mayoría de los casos, las mamás. Cuando cargamos a nuestro bebé encarando hacia nosotros (ya sea al frente, a la cadera, o sobre la espalda), el peso entero del bebé, incluyendo el nada despreciable peso de esos bracitos y piernas olímpicas, está orientado y envuelto literalmente alrededor de nosotros, sin dejar espacios ni gran margen de movimiento. Con esto logramos integrar efectivamente el geométrico y creciente peso de nuestros tesoros a nuestro centro de gravedad, lo cual nos presta la mayor estabilidad al movernos. En cambio, cuando brazos y piernas oscilan hacia afuera, delante nuestro, el peso tira de nosotros hacia adelante y respondemos arqueando también la espalda y sobrecargando el área lumbar, todo lo cual puede provocarnos lesiones de espalda después de semanas y meses de ardua labor de crianza. 
7.      Exposición de centros vitales, absorción de impacto, pérdida de calor. 
      La espalda del bebé está cubierta de una capa adicional de tejido adiposo que le ayuda a conservar el calor cuando se encuentra ovillado en posición M. Esto ayuda al bebé a conservar el calor en la zona más vulnerable y activa de su cuerpo, el pecho y el abdomen, a la vez que los protege del impacto y la oscilación. Al encarar al frente, el vientre queda expuesto, y la espalda extendida no ayuda a absorber el impacto de cada paso que damos, ni el rebote de las piernas y brazos que cuelgan. Todo esto es incómodo y cansado para el bebé.
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Por qué no usar un fular elástico para cargar en la espalda: Una historia de los riesgos

Existe mucha polémica sobre los fulares o rebozos que son o no son seguros para cargar a un bebé o a un niño en la espalda. Los fulares tejidos, que no ceden en ninguna dirección, son obviamente la opción indiscutible; pero con los más recientes fulares elásticos que se comercializan a izquierda y derecha hoy en día, existe un gran rango de discrepancias y criterios sobre lo que se puede y no se puede hacer, y las razones para ello.

En primer lugar, hay mucha diferencia en los grados de elasticidad que puede tener el material utilizado en este tipo de fulares, ya sea que contenga licra o sea sólo algodón. El tejido de punto (de camiseta) cede en distintas direcciones y en distintos grados, en modos no del todo predecibles. En su afán por vender, algunas marcas ansían asegurar que su producto sirve para todo, incluso cargar en la espalda, por la simple razón que la tela lo permite físicamente. Sin embargo, en este caso por ser la seguridad una cuestión tan seria, hay que ser un poco más críticos y ver bien las cualidades del fular y de la tela.

Tenemos que recordar que más allá de la talla del bebé, es necesario considerar y prevenir la enorme fuerza que pueden ejercer con sus movimientos y su peso; no es lo mismo los 8 kg de bebé, que el enorme esfuerzo adicional que le puede agregar a la tela un bebé que ha visto algo detrás de ti en la fila del super, y está decidido a estirarse para tomar esa Paleta Payaso. O bebés que van haciéndote ‘caballito’. O que se divierten dejando colgar el coco hacia atrás para ver pasar las luces del techo.

Hay quienes afirman que se pueden hacer amarres muy seguros (y para niños grandes) con un fular elástico que estira en una sola dirección: a lo ancho. (¿Y cuánto estira, poco o mucho? eso es otra cuestión). Por lo visto, la opinión generalizada actualmente es que utilices un fular con dobladillo en los bordes, para evitar que el bebé rebase físicamente la barrera de la elasticidad. Hay otras personas que consideran que NO se debe utilizar un fular que tenga cualidades elásticas, y punto. Como siempre, creo que es otra de esas cuestiones donde el criterio personal debe prevalecer, considerando toda la información antes mencionada. Si utilizan un fular elástico, evalúen las cualidades y seguridad de la tela sin importar lo que el fabricante diga en su instructivo.

La siguiente es una narrativa publicada por Sarah Rockwell, consultora de babywearing, con fotos para explicar lo que puede pasar con un amarre con fular elástico en la espalda. Es una situación extrema pero muy real, ya que todos hemos sentido la fuerza de un bebé que se inclina para alcanzar algo que le interesa mucho. La traduje para mostrar visualmente lo que puede ocurrir y los riesgos muy reales. Esta mamá habla de marcas que tal vez no conocemos en México (aunque el Moby y el Sleepy Wrap se consiguen), pero aplica a todos los fulares elásticos, ya que todos presentan distintos grados de elasticidad. ¡Espero les sea de utilidad!

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Una marca de fulares elásticos me envió un prototipo de fular híbrido que estaban perfeccionando para que yo lo probara. Este fular aún no ha salido a la venta; la empresa deseaba recibir retroalimentación sobre la seguridad de su diseño de usuarias de fular experimentadas, como yo. Este texto no es en ningún modo un intento de hacer quedar mal a esta empresa; sólo quiero demostrar lo que puede ocurrir cuando se intenta cargar en la espalda con un fular que no es seguro para este tipo de amarres.

Utilicé el fular con mi hijo Devin de año y medio y 12 kg de peso. Esto fue lo que pasó:

Devin no tenía ganas de que lo envolvieran, así que hice un amarre para niño inquieto en una Doble Hamaca, y quedé bastante impresionada. El fular se sentía mullido y no pareció estirar tanto como otras marcas, como el GMBBS. Pude realizar un amarre de doble hamaca seguro, cómodo, con los brazos del bebé adentro. Devin me pidió un plátano, y en esta foto pueden ver que seguía con los brazos adentro y el amarre no cedió ni cuando comenzó a comer.

Esto me dio confianza, así que nos fuimos a dar un paseo por el vecindario, tiempo durante el cual Devin se terminó el plátano. En esta foto pueden ver que aún tenía los brazos adentro y se veía seguro (y yo seguía cómoda) después de una caminata de 10 minutos. Yo seguía impresionada.

Entonces, procedí a realizar una verdadera prueba: Le pedí a Devin que se recargara hacia atrás.

El amarre resistió bien, pero Devin no había puesto mucho empeño. Así que caminé hacia la repisa donde guardo mis fulares, le enseñé dónde estaba su fular de salamandras (Geckos Antigua), y le pedí que me lo alcanzara. En cinco segundos, ya había sacado los brazos.

Esto, por sí mismo, no es un problema. Aún cuando usamos un sólido fular tejido, normalmente él suele sacar los brazos para tener más espacio para recargarse. Pero entonces ocurrió esto:

¡En sólo un segundo, Davin prácticamente se salió por completo del fular! No se cayó porque yo ya tengo mucha experiencia; había creado  un muy buen asiento y había hecho un amarre bastante ajustado. Davin también tiene mucha experiencia viajando en la espalda, así que se sujetó con sus piernitas y utilizó sus fuertes músculos del tórax para volver a enderezarse con el fular en las manos. Sin embargo, si se hubiera tratado de un enérgico bebito de 8 meses, podría haber ocurrido lo mismo y se hubiera quedado colgando de cabeza en mi espalda. Con un amarre menos seguro y  ajustado, ¡tal vez hasta se habría caído! Aunque este fular es menos elástico que un Moby o Sleepy Wrap, a diferencia de otros fulares elásticos que sí son seguros para los amarres a la espalda como el GMBBS, éste no tiene dobladillo en los bordes. Esto permitió que el fular se estirara bastante cuando él hizo fuerza y que los bordes se enrollaron en la espalda del bebé, a pesar de que esta tela sólo estira en una dirección (a lo ancho).

Por lo tanto, por favor, NUNCA, JAMÁS, utilicen un fular elástico como el Moby o el Sleepy Wrap para un amarre a la espalda. Si tienen un fular híbrido que estira en una sola dirección y tiene dobladillo en las puntas, como el Gypsy Mama Bali Baby Stretch, tengan cuidado con los amarres que utilizan. La doble hamaca, doble hamaca invertida, y el amarre a prueba de todo son seguros para utilizar con fulares híbridos. No utilicen amarres de una sola capa o amarres con pases en cruz como la Cruz Envolvente a la Espalda, ya que son menos seguros. Si ves a una persona en la calle que utiliza un fular elástico con un amarre en la espalda, considera abordarla y decirle con amabilidad que ésta no es una opción segura.

Envié este mismo texto al fabricante del fular de esta historia, para que no comercialicen su producto de fular sin dobladillo como una opción segura para cargar en la espalda (en caso que les preocupe).

La posición de ranita o en "M"

Para lograr un amarre cómodo y seguro con cualquiera de los portabebés naturales, siempre es necesario que el bebé vaya transportado en la posición sentada, como si fuera en una silla o hamaca. Con cualquier cargador, lo que intentamos es que el bebé quede sentado cómodamente y cubierto de rodilla a rodilla, recargado en una o más capas de tela.

Con ocasión de la excelente ilustración publicada esta semana por el Instituto Internacional de la Displasia de Cadera, comparando visualmente una cangurera tradicional al estilo del portabebé Bjorn (imagen de la izquierda), con la posición final en un portabebés natural de tela como el fular, mei tai o mochila ergonómica, pensé que podríamos hablar un poco sobre la famosa posición en ‘M’ o de ‘ranita’ sobre la que insistimos tanto.

La posición M o de ranita se considera la posición ideal para las piernas, ya que centra la cabeza del fémur dentro de la cavidad de la cadera o acetábulo. Esta M es visible cuando las rodillas del bebé están más altas que su trasero, separando las piernas en un ángulo de 90° (en los círculos médicos, esta posición se describe como 100° de flexión en las piernas, abducción de 30 a 45°).

 Todos los bebés adoptan esta posición automáticamente al sentirse levantados, ya que es la posición óptima para cargarlos contra la cadera de la madre. Asimismo, se coloca en esta posición a los bebés diagnosticados con con displasia o luxación de la cadera con un ayuda de un dispositivo llamado arnés Pavlik.

Ejemplo arnés Pavlik

Un bebé transportado en la posición M conserva la espalda redondada (kyphosis), ya que la inclinación de la pelvis ocasiona que se curve la columna vertebral en una C. Esto es importante porque la espalda de los bebés menores de un año no forma una curva en forma de S como la de un adulto, y por tanto requiere consideraciones especiales de las que hablaré en otro post.

Por último, más allá de las consideraciones de anatomía, dos aspectos importantes son la comodidad y la seguridad. La posición M asegura que el peso viaja sobre las pompas del bebé, por lo que va sentado y por lo tanto mucho más cómodo que con las piernitas colgando. Asimismo, el peso descansando hacia atrás hace más seguro el amarre porque el bebé no puede juntar las piernas y escurrirse por abajo.

Una forma sencilla de mejorar la posición en M dentro del cargador es oprimir suavemente las plantas de los pies del bebé hacia arriba cuando ya has terminado de amarrarlo, para hacer que el momito suba las piernas y flexionar más profundamente la cadera.

empuja suavemente los piecitos hacia arriba para que suban más las rodillas

No lo hagas: Portabebés de bolsa

En el año 2010, la industria del babywearing en Estados Unidos vivió una sacudida cuando el SlingRider, un modelo de portabebés de la conocida marca Infantino, fue descontinuado y reemplazado por mandato legal después de ocurrir tres casos de muerte infantil. Las noticias al respecto atrajeron la atención del público en general sobre el porteo, no necesariamente bajo una luz positiva.

Sin embargo, el SlingRider desde un principio no estaba contemplado dentro de lo que el mundo babywerero considera un portabebé ergonómico recomendable; por el contrario, es un ejemplo de un modelo popular de portabebés particularmente malo conocido genéricamente como el ‘portabebé de bolsa’. En México podemos encontrar muchas réplicas de este tipo de portabebés, incluso anunciado como ‘rebozo’ aunque no lo es. Me he encontrado SlingRiders a la venta en mercadolibre y sitios por el estilo, pues cuando prohíben un producto allá no tardan en enviarlo a rematar aquí. Al final de este post explico la forma en que podemos reconocer la diferencia entre un portabebé de bolsa y un pouch o un rebozo ergonómicos.

Al igual que el Bjorn, se encuentra entre los portabebés que no se recomienda adquirir ni utilizar por problemas con el posicionamiento, comodidad y facilidad de uso. La diferencia con el Bjorn (el cual bien que mal no ha demostrado lastimar a los niños) es que el portabebé de bolsa ha demostrado obstaculizar la respiración de los niños, por lo que representa un riesgo muy real de asfixia y por tanto, de muerte. La siguiente información es una traducción y adaptación de la información proporcionada en múltiples sitios por M’Liss Stelzer, fundadora de Slingbabies, educadora de porteo y autoridad en el tema. Explica claramente por qué son peligrosos estos productos y cuáles son las diferencias con un portabebé de tela seguro como el pouch, el rebozo o la bandolera de anillos.

El problema principal con el portabebé de bolsa es que el diseño mismo propicia una postura inadecuada en el bebé. Con la mayoría de los portabebés de tela, bastan unos pocos ajustes menores para lograr una posición cómoda y segura. No obstante, este modelo presenta fallas de diseño importantes que pueden colocar a un bebé en riesgo de sufrir problemas respiratorios, privación de oxígeno e incluso asfixia.
En primer lugar, el diseño ocasiona que el bebé incline naturalmente la barbilla contra el pecho, especialmente en el caso de bebés de mayor tamaño porque su cabeza queda en una posición más elevada dentro del cargador. Esta posición obstruye las vías aéreas, ocasionando que el nene necesite hacer mayor esfuerzo para respirar.

En segundo lugar, es muy difícil mantener el rostro del recién nacido alejado de la tela que conforma el bolsillo del cargador. El cuerpo del portabebé tiene forma parecida a un triángulo, con fondo plano y costados que se acercan entre sí hacia los bordes superiores elásticos. Esta forma de triángulo implica que la tela del cargador siempre se acerca en ángulo hacia el rostro del niño. Si éste vuelve la cabeza aunque sea un poco, termina con la nariz y boca menos de 10 milímetros del costado, oprimido incluso contra el bolsillo. Siempre que el bebé tiene la cabeza oprimida contra el costado del cargador y/o contra el cuerpo de su madre o padre, existe riesgo de asfixia o privación de oxígeno.

En tercer lugar, es muy difícil que los padres vigilen a su bebé a menos que estiren los bordes superiores del portabebé para separarlos. El bolsillo es profundo y se hunde aún más al colocar el bebé adentro, dando aún mayor profundidad al bolsillo. Los bordes superiores fruncidos, junto con el hecho que el artículo cuelga en una posición tan baja, obstruyen la línea de visión directa de la madre hacia su bebé. La tela gruesa y el acolchado del cargador dificultan aún más la capacidad para percibir señales de inquietud en el pequeño.

Podemos comprobar visualmente la diferencia entre un portabebé de bolsa y un pouch de tela poco profundo, o bien un rebozo de anillos ajustable de cola abierta (o fular o mei tai). En estos tipos de portabebés, se puede ver al bebé fácilmente y mantenerlo vigilado. Asimismo los bordes de la tela quedan paralelos a los lados de la cabeza del recién nacido impidiendo que éste vuelva la cara para quedar oprimido contra la tela del costado.

 ¿Cómo distinguir la diferencia entre un cargador de bolsa y un pouch o rebozo típico recomendable?

En primer lugar, el portabebés de bolsa tiene un fondo acolchado y estructurado (en el área dentro de la cual reposa el bebé). Por esta razón, la tela que soporta al bebé no se ajusta a su cuerpo y resulta casi imposible colocar al bebé en diagonal, lo cual le proporciona el apoyo adecuado al cuello y espalda.

En segundo lugar, los bordes superiores son acolchados y con elástico o jareta lo cual, combinado con la profundidad del bolsillo, resulta en que los costados del portabebé tienden a cerrarse sobre el niño, obstruyendo la vista y el libre flujo de aire. (Por supuesto, este problema es menor con un bebé mayor que ya se sienta derecho en el cargador).

La tercera diferencia importante entre un ‘portabebé de bolsa’ y un pouch tradicional tiene más que ver con la comodidad de uso que con la seguridad del bebé y se refiere a la dificultad para ajustar la parte altamente acolchada del hombro y la espalda. Esto por sí solo no representa un problema de seguridad importante pero al considerarlo junto con las características descritas arriba incrementa la tendencia de estos cargadores a ser demasiado grandes y problemáticos si no imposibles de utilizar con el bebé bien ajustado al cuerpo y en una posición correcta.

no lo hagas: bebé en bicicleta

La única razón válida para subirte en la bicicleta con tu bebé en fular es como recurso desesperado cuando intentas huir de una invasión zombie. 

Yo sé que es casi automático, escuchamos que un portabebé nos libera las dos manos para hacer otra cosa, y una de las primeras brillantes ideas que se nos ocurren es “¿Manos libres? ¡Genial! ¡Esto significa que lo puedo llevar en la bicicleta con el rebozo!”. A mí me pasó, como biciteka en remisión forzada por razones de maternidad, lo primero que se me ocurrió cuando estaba investigando sobre el porteo y vi todas las posibilidades fue: maravilloso, así podré volver sobre la bicicleta más pronto. ¡Bebé en fular y mamá en bicicleta!

No tardé mucho en convencerme que mi idea era lógica pero bastante tonta. No hay que ser amante del porteo ni del ciclismo para darse cuenta que los riesgos no valen las posibles ventajas, especialmente en el caso de los ciclistas urbanos la Ciudad de México, quienes más que conmutar, en realidad practicamos un deporte de muy alto riesgo. Entre las vías insuficientes, los baches, y los automovilistas que albergan un odio asesino (secreto o no) contra las bicicletas en la calle, ni el más hábil de los ciclistas puede estar seguro que no sufrirá un percance.

Pero el tráfico no es el único riesgo al llevar a un bebé en la bicicleta; con el bebé en un cargador, ya sea en la espalda o al frente, el peso adicional cambia el centro de gravedad de la bicicleta hacia el peor lugar posible: la parte alta. Cualquier vehículo en movimiento es más estable conforme más bajo se encuentra este punto de gravedad, ya que esto impide que vuelque o se voltee con tanta facilidad; por ejemplo, está muy clara la diferencia entre la estabilidad de un ancho y bajo Beetle y la de una espigada motocicleta de montaña.

Con el peso de un bebé distribuido en el torso y hombros, una parte importante del peso queda por encima de la línea media de la bicicleta, lo cual distorsiona su manejo en todos los aspectos, desde el arranque, en las vueltas, al frenar, etc. Sobra decir que  queda muy comprometida la capacidad para una maniobra veloz o precisa para esquivar un peligro.

Por último, en caso que llegue a ocurrir un accidente el momito corre un enorme riesgo por encontrarse en una posición tan vulnerable y desprotegida; además, es imposible colocarle correctamente un casco a un bebé dentro de un cargador. En caso de ocurrir un accidente, se corre el peligro muy real de aplastar al bebé, lo cual en el mejor de los casos es un susto de muerte para el porteador y el bebé, y en el peor de los casos…. no necesito deletraerlo, ¿cierto? Todos hemos escuchado historias horribles de bebés y accidentes. ¿Para qué arriesgarnos?

En conclusión, si deseamos llevar al bebé con nosotros en bicicleta debemos equiparla con un asiento apropiado, diseñado especialmente para la bicicleta e instalado correctamente. Además, el bebé debe tener al menos 1 año cumplido para poder viajar seguro, puesto que antes de esta edad el bebito simplemente no tiene la fuerza muscular en el cuello y espalda para absorber el impacto del recorrido en bicicleta. Esto también aplica para los remolques, que en forma generalizada se consideran la opción más segura para viajar en la bici pero en mi opinión no son muy recomendables para el caso particular de la Ciudad de México, por rodar tan bajo y ser poco visibles.

En lo personal yo cuento los días para el cumpleaños de Santi y comprar mi asiento iLeap, que me gusta porque el bebé va delante de ti, lo cual creo que reduce las distracciones. Además, coloca el famoso peso más bajo y cerca del tuyo, entonces la deformación de la maniobrabilidad es mínima. He extrañado mi bicicleta pero dos meses ya no es mucho esperar, además que he disfrutado mucho este tiempo a pie con  mis trapos mágicos y mi bebé. ¡Feliz paseo!

Tipos de portabebés, Parte II: El fular o rebozo largo

El fular es el máximo, el novamás, la cúspide misma del arte del porteo por todas sus bondades inherentes: las mil y una variaciones, ajustes y amarres que permite en la espalda, a la cadera, al frente, con el niño sentado, recostado, acostado, o sentado en posición de flor de loto; con el fular apropiado, se puede llevar lo mismo a un recién nacido que a un pre-escolar cansado; además de su función como portabebés, puede fungir también como hamaca, estola, columpio, cambiador, cobija, mantel, y hasta vestido improvisado.

La inmensa variedad de longitudes, colores, texturas, entramados y composiciones que existen crean un universo aparte donde existe un fular perfecto para cada binomio niño-portador, en cualquier clima, a cualquier edad, y para cualquier ocasión.

Pese a todo lo anterior, el fular es también el epítome de la sencillez, ya que consiste únicamente de un trozo largo de tela, sin broches, hebillas, ni costura alguna de la mayoría de los casos. La curva de aprendizaje con el fular es un poco más pronunciada que con otro tipo de cargadores, pero para quien lo practica, siempre vale la pena, por su tacto suave, su versatilidad, y el ajuste perfecto.

Existen dos clases principales de fulares: el fular elástico y el fular tejido.

Fular elástico

El fular elástico es un tramo largo (entre 4.5 y 5 metros) de tela suave y elástica a lo ancho, por lo general de algodón de punto o tipo “camiseta” con distinto grosor, e incluso con algún contenido de licra u otro tejido de nylon para hacerlo más elástico.

Este tipo de fular es óptimo para cargar a recién nacidos y bebés pequeñitos, con un peso inferior a los 8 o 9 kilogramos; una vez superado este peso, el fular da demasiado de sí al amarrarlo y se vuelve incómodo, además que comienza a deformarse y se afloja en poco tiempo. Sin embargo la razón más importante para dejarlo en este punto es que a partir de entonces representa un riesgo de seguridad, porque el bebé ya tiene la fuerza suficiente para vencer la tela al empujar.

El fular elástico es divino para recién nacidos y papás primerizos que no tienen cabeza para aprender todas las sutilezas que conlleva el babywearing con el fular tejido al tiempo que lidian con su nueva condición de padres. El fular elástico te lo colocas bien pegado como una camiseta, lo estiras un poco para insertar al pequeño, y sanseacabó. El momito va seguro, todo su cuerpo va bien soportado por la tela, es suave, esponjoso y se puede amarrar antes de colocar dentro al bebé. Un ejemplo es el famoso video del papá sexy.

También tiene la ventaja de ser una opción económica, puesto que prácticamente cualquier tela de punto de algodón sirve para hacerse uno. Sólo es cuestión de comprar un tramo de 4.5 a 6 m de largo en cualquier telería, y lo cortas a un ancho de 50 a 70 cm. Por lo general esto nos deja con dos fulares idénticos, pero siempre puedes regalar el tramo extra a alguna mamá amiga.

Por último, una advertencia en cuanto a estos fulares. A pesar de que se les publicita para utilizarse en posiciones al frente, a la cadera y en la espalda, en realidad los grupos de usuarios experimentados (es decir, mamás con muchos hijos de rebozo) sólo los consideran seguros para realizar amarres al frente. Los nudos a la cadera y a la espalda son inseguros por las mismas razones por las que no debe excederse el límite de peso: el bebé puede empujar con la fuerza suficiente para vencer la tela y caerse. En mi opinión, simplemente no hay forma de garantizar que no ocurra un accidente con un bebé amarrado en la espalda con un fular elástico, y por lo tanto yo tampoco lo recomiendo.

Fular tejido

Los fulares tejidos son, por un lado, la herencia directa del sencillo trozo de tela que usaban nuestros antepasados; por el otro, son resultado de una empresa de ingeniería textil que iniciaron los alemanes en los años setenta, al redescubir y adoptar el método del porteo con fular en la sociedad moderna. Con la ayuda de artesanos textiles nativos en países como Guatemala e India, se dedicaron a la búsqueda del tejido óptimo para cargar a los momines.

Treinta años de trabajo de esta industria han producido una galaxia de fulares con distintas bondades, beneficios, grosor, color, flexibilidad, suavidad… Los amantes de este estilo pueden perderse en los detalles de un entramado, un diseño, un material, y los debates y rebates continúan. En general su costo es alto, pero lo valen perfectamente, por su versatilidad, su resistencia, su longitud de uso, etc; normalmente, se vuelven posesiones muy personales y atesoradas.

La versatilidad no es la menor de estas virtudes; con un fular tejido de un largo mediano, alrededor de 3.6 m, pueden hacerse gran variedad de amarres al frente, a la espalda, en la cadera; sobre los do hombros, sobre uno solo, sobre hombros y cadera, en el torso, etc. Puedes llevar a un delicado recién nacido a la espalda, perfectamente asegurado y con la cabeza sujetada con una banda del fular. También puedes llevar a un niño de dos años que ya se cansó de caminar en Six Flags. ¡Incluso puedes llevarlos a los dos al mismo tiempo!

La elección del tejido, el color, la longitud del fular es enteramente personal y como siempre, dependerá del conjunto de necesidades individuales, incluyendo la frecuencia de uso que se le va a dar, el clima de la región, el uso destinado (para estar en casa, para salir, etc.), y por supuesto las preferencias personales. En realidad, una vez adquirido este gusto se vuelve peligroso, pues ¡se vuelve adictivo! En última instancia siempre hay que recordar que detalles aparte, lo importante es que se trate de una tela fuerte, ligera, y que se sea cómoda para portador y bebé.

Doble hamaca a la espalda con rebozo largo o fular tejido

PRECAUCIÓN: Siempre usa un fular tejido o sin elasticidad para los nudos a la espalda. El fular elástico nunca debe emplearse para realizar un amarre en la espalda, porque puede ser peligroso. Es imposible apretar un fular elástico lo suficiente para asegurar que la tela no ceda en la dirección equivocada. Además, los bebés mayores pueden empujar contra la resistencia de la tela al recargarse o inclinarse y ‘vencerla’; incluiré más información y demostraciones en un post próximo sobre los distintos tipos de fulares.

Éste es un amarre a la espalda increíble con el rebozo largo o fular, ¡yo lo amo! Al principio me daba miedo porque a diferencia de otros amarres, no empieza con la parte central del fular sobre el bebé, además de que lleva una faja al pecho, todo lo cual me parecía muy complicado; sin embargo, éste fue el primer nudo que me salió bien y es el que más uso. Me gusta que me deja al niño muy alto en la espalda sin aflojarse; tengo los hombros y brazos libres, el peso queda distribuido por todo el torso, y en resumen es el que más uso para hacer el quehacer y también casi siempre para salir. Para mí, no tiene desventajas.

Este amarre se hace con un fular tejido de al menos 4.6 m de largo. Si quieres terminar estilo tibetano, es necesaria una longitud aún mayor. Para explicarlo, encontré este video creado por una de las super mujeres en Red Canguro.

–Esta mamá extiende bien un borde bajo el asiento del bebé y luego se pasa el otro borde de la mano derecha a la izquierda para traerla sobre su hombro como si fuera una toalla y se quisiera secar la espalda. Así, la tela sube ya tensa y extendida y cubre fácilmente la espalda del bebé en vez de hacerse bolas abajo.

–Una vez hecho el pase sobre el segundo hombro, con el bebé bien soportado y una tira larga sobre cada hombro, me enderezo y tiro de ambos extremos con los brazos estirados en forma de V (como Batman) a la vez que me muevo y reboto un poco para alisar y apretar bien la tela alrededor del crío. Recuerda que la parte de la faja debe quedar bien tensa para que soporte el peso como debe ser.

–En ambos videos es interesante observar cómo las mamás acomodan con todo cuidado la tela sobre los hombros, plegándola dos veces sobre sí misma para que quede bien plana. Esto se vuelve más importante conforme mayor es el bebé y pesa más; si las correas no están bien acomodadas, después de un rato comenzarán a encajarse dolorosamente. Yo más bien le doy unas vueltas a los extremos para que tomen forma de rollo y así lo amarro, pero probablemente esto cambie en el futuro cuando San se ponga más pesado.

–Para terminar, se cruzan los dos extremos bajo el trasero del bebé y se traen al frente por debajo de las piernitas para hacer un nudo a la cintura o cruzarlos en tibetano. Este último pase bajo las piernas siempre es importante, porque es el que levanta por último las rodillas del niño para que quede bien sentado. Es más, cuando termino de amarrar yo presiono hacia arriba las plantas de los pies de San para levantarle más las rodillas y sumirlo más en el asiento.

Pronto me haré de una cámara para filmar mi propia demostración de la doble hamaca, entretanto aquí la llevo con mi San (disculpen mis cuatro papadas). ¡Listos para subir a tender!

Consideraciones de seguridad para el babywearing

Portar a tu bebé es muy seguro y cómodo, pero como todo en la vida, hay que saber hacerlo correctamente. El peligro se reduce al mínimo siguiendo algunas consideraciones básicas, y en caso de duda siempre debes emplear el sentido común (de nuevo, como en todo).

Recuerda:

— Siempre verifica la integridad de tu portabebé antes de usarlo. Los cargadores de calidad están diseñados para servir por muchos años (algunos incluso para heredarlos a generaciones futuras), pero igual haz de esto una costumbre para prevenir que llegue a ocurrir un accidente. Revisa el material, las costuras, las correas y/o los broches para detectar y reparar cualquier daño a tiempo.

— Cuando colocas al bebé dentro del cargador, asegúrate que se encuentra en una posición que le permita respirar libremente. Esto quiere decir, cuida que la carita no quede pegada contra el cuerpo del portador, que ninguna parte del portabebé o ropa le cubran el rostro, la barbilla esté separada del pecho y el cuello quede extendido en una curva natural. Nunca hay que cubrir la cabeza o la cara del bebé para abrigarlo; esto ocasiona que vuelva a respirar el aire que queda encerrado y puede obstruir la oxigenación.

— Comprueba continuamente que la posición del bebé sea correcta, utiliza espejos y otras superficies reflectoras (¡como los escaparates de las tiendas!) para ver que venga sentado como debe ser y que el cargador (en especial fulares y rebozos) sigue en una posición segura y correcta.

— Al igual que durante el embarazo, cuando llevas a tu bebé cambia tu centro de gravedad; evita realizar actividades que incrementan el riesgo de sufrir una caída tales como patinar, trepar a los árboles, andar en bicicleta, etc. Tampoco es recomendable realizar actividades bruscas que puedan lastimar el cuello o la columna vertebral del bebé, tales como saltar en el trampolín, andar a caballo, correr, etc.

–Evita realizar tareas domésticas que pudieran implicar riesgos, como usar la estufa o el horno, usar artículos cortantes o herramientas pesadas. En general, si una actividad necesita que lleves prendas protectoras (tales como gafas, guantes, etc) NO debes realizarla con el bebé (como podar el pasto, pintar una habitación, hacer carpintería, etc).

–Evita tomar alimentos o bebidas calientes cuando lleves al bebé. Recuerda que a esas manitas les encanta explorar y si se puede, arrebatar lo que tenga mamá en las manos (o a la mano). ¡También recuerda lo fuertes que son!

– Cuidado con golpear la cabeza o cualquier parte del cuerpo del bebé al pasar por puertas y pasillos y en general por áreas estrechas, especialmente al principio. Te acostumbrarás en seguida a tus nuevas dimensiones incluyendo pasajero, pero al principio hay que concentrarse en el hecho que hay una personita pegada a nosotros.

— Con bebés algo mayores, siempre debes estar consciente de lo que está dentro del rango de las manitas del bebé. Fíjate especialmente cuando llevas al bebé en la espalda, puede intentar alcanzar cosas que están fuera de tu campo de visión.

— Los cargadores de tela no reemplazan el asiento para el auto. No son lo indicado para llevar a un bebé dentro de un automóvil o vehículo en movimiento; en caso de accidente, no proporcionan una protección adecuada.

— Si bien hay algunos cargadores diseñados especialmente para el agua, para la hora del baño o la piscina, esto NO significa que es seguro nadar con ellos. Nunca intentes nadar con tu bebé dentro de un portabebé; en caso de abordar alguna embarcación, el bebé debe ir en brazos y llevar su propio dispositivo de flotación (es decir, un chaleco salvavidas).

— Viste siempre al bebé (y vístete tú) apropiadamente para impedir tanto el enfriamiento como el sobrecalentamiento. Recuerda que al ir pegado a ti, el bebé adapta su temperatura a la tuya y entrarán en calor fácilmente, lo cual hay que tener en cuenta cuando el clima es cálido; de la misma forma cuando hace frío hay que recordar que piernitas, brazos y cabeza pueden enfriarse de más.

Al final del día, quien lleva al bebé debe realizar siempre una evaluación madura de los riesgos que presenta cada situación. Los portabebés tradicionales son muy seguros pero ninguno de ellos reemplaza el buen juicio de la persona que lo usa, quien debe involucrarse activamente en su papel como portador.

Los puntos anteriores no cubren todos los posibles riesgos ni están grabados en piedra; en muchas situaciones habrá que ejercer buen juicio y hacer lo mejor dadas las circunstancias; por ejemplo, obviamente no vamos a exigir que el bebé lleve un chaleco salvavidas en Xochimilco, ni es necesario sacar al bebé de su nidito en el fular; estamos todos de acuerdo que haría falta que nos cayera un meteoro encima para que se volteara una trajinera.

En última instancia siempre decide con sentido común y tus instintos como padre para evaluar correctamente la seguridad. Como dije antes, el porteo es una labor activa. Siempre debes estar atenta a lo que hace tu bebé, en todo momento. ¿Está dormido? ¿Mirando por encima de tu hombro? ¿Qué tal está respirando? ¿Se revuelve? ¿Dónde vienen sus brazos? No es posible simplemente amarrarse el niño al cuerpo y desentenderse.

Ahora a pasear con el bebé…